Sobre aviones, locura y muerte

No sé mucho sobre aviones. Pero lo que sé es que en las esferas globales del mundo corporativo, los aviones se convierten en grandes amigos y generadores de experiencias de vida.

Lo que puede sonar en un momento como algo muy glamouroso al viajar por el mundo entero, al desayunar de negocios en europa, al presentar una campaña un día en Asia, al licitar en la tarde una cuenta en E.U. o al trabajar una estrategia en Latinoamérica, en la vida real produce un gran agotamiento espiritual. Y aquí los aviones asumen un papel protagónico. El tiempo que se pasa dentro de un avión es representativo en la existencia de una persona. Por eso me encantan. Me abro en ellos para aprender, escuchar y aislarme del ataque fulminante de los teléfonos y los correos. Sus historias me alimentan como una biblioteca voladora.

He tenido la fortuna de viajar por obra del destino al lado de todo tipo de historias. Con candidatos presidenciales que me han contado sus programas de gobierno sin parar, desde Shanghai hasta E.U.

Con Les Luthiers, quienes segundo a segundo me han confirmado su genial humor.

Con cardenales saliendo del cónclave en el Vaticano romano después de la elección papal, contándome acerca de las tensiones entre ortodoxos y liberales al interior de la Iglesia.

Con artistas y deportistas famosos, unos más queridos que otros, unos más habladores que otros.

Con personas en estado terminal por cáncer, quienes en conversaciones filosóficas me han contado lo que piensan hacer con sus últimos meses de vida.

Con viudas de víctimas de los ataques suicidas y terroristas a las torres gemelas en N.Y.

En fin, todo tipo de narraciones, hasta la mas reciente, viniendo hace poco de Hong Kong hacia E.U. Al principio del vuelo, el piloto se despidió de todos los pasajeros, pues ese era su último viaje, antes de su retiro. Después de varias horas de vuelo, anunció un problema en un motor y decidió entonces aterrizar de emergencia. Yo pensaba cinematográficamente en la literalidad de su despedida. Era su último viaje. ¿Pero a dónde?

¿Y con quiénes?

¿Nos llevaría a todos con él?

En medio del pánico colectivo logró aterrizar de emergencia. Pero en Alaska... todos vivos. Pasó el susto. Felizmente el piloto se pudo retirar y yo conocer Alaska.

Los aviones son una caja de Pandora en la vida de los negocios. Una fusión de temas que como la vida misma me inspira para trabajar. Los aviones son pequeños mundos donde se juntan comportamientos humanos y se mezclan por necesidad física y por tiempo determinado. En términos de mercadeo son como las mejores sesiones de grupo. Enriquecedoras.

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