¿Un paro sin reversa?

La sobreoferta de tractomulas, el elevado precio de los combustibles y el pago de fletes bajos son los motivos principales del anunciado cese de actividades de 120.000 automotores en las carreteras colombianas.

El paro camionero del próximo 16 de  junio al parecer no  tiene reversa. Empieza a las cero horas del lunes con los conductores y sus tractomulas detenidas pacíficamente a lado y lado de las carreteras y los cientos de camiones parqueados en las principales ciudades del país y en las zonas aledañas a los puertos de Cartagena, Santa Marta, Buenaventura y Barranquilla. En Colombia se movilizan 25 mil toneladas de carga por carretera.

Serán 120.000 automotores de servicio público de carga, representados por unas 32.000 mulas, 5.000 dobletroques y, el resto, vehículos de menos de 12 toneladas que son los encargados de distribuir la mercancía en las tiendas y supermercados que compran los alimentos en las centrales de abastos de todo el país.

Así lo dejaron saber los representantes de la Asociación Colombiana de Camioneros (ACC), quienes hace menos de 15 días habían anunciado el cese de actividades, pero que sólo hasta ayer confirmaron la decisión unilateral del gremio entero: “El paro es indefinido y en consenso, lo único que buscamos es que se regule la sobreoferta de camiones que hay en el país, que se analicen las tarifas de los combustibles y que se haga un acuerdo entre los generadores de carga, las empresas de transporte y los camioneros para lograr que se respeten los precios de transporte”, comenta Jorge García, director ejecutivo de la ACC.

Aunque ya se han sentado a negociar este tipo de solicitudes con el Gobierno, representado por el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, uno de los temas más complicados ha sido precisamente el de la chatarrización. Por eso Jairo Herrera, presidente de Asocarga, es enfático en aclarar que “lo que se está pidiendo son medidas eficaces y rápidas para que no ingresen más camiones con la póliza de cumplimiento de chatarrización, que consiste en la compra de un documento por $22,5 millones, que permite por ese valor el ingreso de un automotor nuevo al país. Estrategia que implementó el Gobierno para no frenar la importación de camiones. Pero el problema es que con esta medida no están saliendo los carros viejos y por eso hay una sobreoferta”.


Con la compra de esa póliza ya se han recaudado $240.000 millones, dinero que los organizadores del paro consideran que deberían ir a un fondo común que permita auxiliar económicamente a los pequeños transportadores y, de esta forma, lograr el cambio de sus equipos, que por ser modelos antiguos hoy están en promedio en los $80.000.000. Ese tema ya se está estudiado por el ente público.

Además, los camioneros han denunciado que su sector se está viendo fuertemente golpeado por el lavado de activos y que hay “mucha gente” que ha hecho compras de flotas de camiones que son “inexplicables y cuantiosas”, apunta el directivo de la ACC.

El precio del combustible es el otro factor que llevó a los transportadores a anunciar el freno en sus actividades. “Hace tres años el barril de petróleo costaba menos de la mitad de su precio actual (US$130) y el dólar está más barato, cosa que nos eleva el precio de los insumos para viajar. El aceite ha subido y las llantas igual, mientras los fletes no”, apunta García. Un escenario que ya tiene al 60% de los camioneros con mora en sus créditos y con 2.000 tractomulas que habían sido entregadas en leasing a punto de ser recogidas por el incumplimiento en los pagos.

Sin embargo, Édgar Higuera, director de la Cámara de Usuarios de Servicios Logísticos de la ANDI, recuerda que “el año pasado Colombia importó en graneles cerca de 6 millones de toneladas, eso generó en fletes a los transportadores alrededor de US$300 millones, y la clave está en saber optimizar los recursos, generando mejores utilidades y poniendo sobre la mesa el tema de la renovación del parque automotor, pues aquí el problema no es sólo la tabla de fletes, también es la falta de gerencia en la administración”.

Por lo pronto, el paro no tiene freno y lo más grave es que según los representantes del gremio ya se está trabajando para que taxistas y propietarios de buses urbanos se unan y detengan sus actividades, pues ellos también son afectados por los precios de los combustibles. Un cúmulo de inconformidades que, de no ser concertadas y solucionadas esta semana, hará que en ocho días los alimentos, además de costosos, se vuelvan escasos, pues no llegarán a ninguna tienda ni supermercado.

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