Los números del libro sagrado

Sociedades Bíblicas, una de las principales editoriales religiosas, produce 2 millones de libros sagrados al año. En Latinoamérica, Brasil es el país más fuerte en este sector, seguido de Colombia.

La fraternidad que dirige Antonio Lara Cristancho vende 1.700 ejemplares de la Biblia al día. Él la lee, religiosamente, cada día desde que tenía 25 años. Fue una novia de la juventud la que lo acercó a la palabra de Dios, la que lo llevó a “convertirse y a encontrar a Jesucristo”. Ella lo invitó a una iglesia evangélica. Él, enamorado, no se pudo negar, aunque había crecido con la prohibición de leer el libro sagrado. Desde ese momento se entregó a su lectura y, muchos años después, a la tarea de difundirlo a través de Sociedades Bíblicas Unidas, una fraternidad “consagrada a la tarea de poner la Palabra de Dios a disposición de las personas”.

Cuando a Antonio Lara le preguntan por el negocio de las biblias que él gerencia, frunce el ceño y con voz apacible y segura dice que no es un negocio, “es un ministerio, es un compromiso: difundir la Biblia y lograr que la gente interactúe con ella. No es un negocio —vuelve y aclara—, pero si quiere le puedo mostrar unas cifras para que vea los alcances de la Sociedad”. Entonces el señor, de contextura gruesa y de sonrisa permanente, va hasta su escritorio y toma la contabilidad de 2008: 627 mil biblias vendidas, 63 mil nuevos testamentos, 1 millón 185 mil libros con apartes de la Palabra de Dios y 3 millones 500 mil textos seleccionados. En estas cifras no están las donaciones en todos los rincones del país que, cuenta don Antonio, fueron miles y miles.

En el mismo escritorio en el que reposa la contabilidad hay una fila de biblias en orden, y otras mal puestas, y una que otra hojita con un salmo o un proverbio. Don Antonio a veces hace una pausa en el día y en las cifras y en los cientos de compromisos que tiene la Sociedad Bíblica aquí y en otros países, para tomar uno de estos libros y leer un aparte del evangelio de San Juan.

Luego vuelve al trabajo, a los contratos que tienen con casi todos los países de Hispanoamérica y también con España, Francia y algunas islas del Caribe, para exportar sus biblias. Cada año, en promedio, 1 millón 200 mil libros sagrados salen de Colombia por cuenta de Sociedades Bíblicas.


La de Colombia es sólo una de las sedes de esta fraternidad “internacional y no lucrativa” que nació 205 años atrás en Londres. Ellos tienen los derechos de autor de tres modelos de Biblia, porque fueron sus traductores o porque se han encargado de su revisión y actualización periódicamente. La que más venden, porque también es la más económica y la que tiene el lenguaje más sencillo, es la Dios habla hoy. “Tiene un idioma español bastante moderno”, explica Lara. Y luego dice que el otro modelo, al que ellos llaman “traducción al lenguaje actual”, es una edición especial para niños.

La última edición que ellos distribuyen es la Reina Valera, “una joya de la literatura española. Fue traducida al castellano en 1569 por Casiodoro de Reina. Tiene un idioma muy bonito. En 1960 hicimos la última revisión para actualizar el idioma, pero mantiene el estilo original”, dice Antonio Lara sin tener que hacer el menor esfuerzo para recordar los nombres o las fechas.

La Biblia más económica cuesta $5 mil, “es la misionera, para todo el público, para que no haya pretexto para no tenerla”. La más valiosa, la de lujo, cuesta $79 mil. Tiene empaste de cuero y canto dorado en las hojas. En todo el año pasado, Sociedades Bíblicas vendió US$3 millones 242 mil, sumando todo el material bíblico. Las exportaciones fueron por US$2 millones 600 mil.


“Lo que producimos lo invertimos nuevamente en la Sociedad y en la misión nuestra: poner la Palabra de Dios a disposición de todas las personas en todas partes del mundo”. La impresión de los casi dos millones de biblias que produce al año la Sociedad está en manos de Panamericana Formas e Impresos, dirigida por Fabio Caicedo.

El productor

Fabio Caicedo: católico, lee la Biblia desde siempre, desde que tiene memoria. Ahora que la está produciendo dice que la consulta “un poquito más”. En un rincón de su oficina —ubicada en la zona industrial— hay un crucifijo comprado en la iglesia del 20 de Julio y decorado con flores, monedas e incienso. Un rinconcito al que él llama “mi pequeño santuario”.

En la enorme imprenta que trabaja Fabio Caicedo se producen unos 3 millones de libros sagrados al año, impresos en papel biblia. “Es un papel importado de España, Francia o Inglaterra —explica Caicedo con una Biblia en las manos—. Aquí en Bogotá sólo hay dos imprentas que lo manejamos: Quebecor y Panamericana, porque requiere un manejo muy especial, es complicado. En Latinoamérica también lo trabajan en Brasil, pero sobre todo para el mercado interno”. La máquina especial para el papel biblia es una rotativa alemana KBA, que hace unos 12 años costó US$ 1 millón. También en Panamericana se imprime la Biblia católica de lujo, en papel bond o en papeles esmaltados: unas 400 mil al año.


Las biblias que se imprimen allí son para editoriales principalmente mexicanas. También, en menor proporción, viajan hasta Argentina, Panamá, Venezuela, Perú, Ecuador, Nicaragua y Estados Unidos. De la producción total, sólo un 10% se queda en Colombia. Y aquí su principal cliente es Sociedades Bíblicas.

Caicedo continúa con la Biblia en las manos. La abre para enseñar el tipo de papel. Luego la cierra para explicar que las biblias de lujo las compran en un 95% los creyentes católicos. También explica que toda la producción la hacen por encargo y que el negocio de las biblias, que él sí llama negocio, representa un 20% de la producción total los libros impresos en Panamericana.

En el primer piso de la imprenta trabaja María Leonor Chinchigua: católica no practicante porque el trabajo, los hijos y los oficios de la casa le ocupan todo su tiempo. Es la encargada de inspeccionar que la costura que va en el centro de la Biblia quede bien ajustada. Ella lee “muy poquito” el libro sagrado, por las mismos motivos que no practica con juicio la religión.

Luego de que los pliegos pasan por sus manos, una máquina los transporta hasta la sección de ensamble, donde las visten con tapa rústica y sensible o con tapa dura imitación de piel. Después serán embutidas en cajas y viajarán a cualquier lugar de Bogotá o del país o del mundo. Quizá alguna termine en la biblioteca de Antonio Lara Cristancho, el gerente general de Sociedades Bíblicas, el apasionado por la Palabra de Dios, el eterno coleccionista de biblias.

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