La filosofía del lujo

El lujo es una forma de vida. Es algo que nadie necesita, pero todos quieren tener. Para los fabricantes, el potencial de Colombia es elevado y dejó de ser un mercado pequeño.

Hace apenas cinco años, los principales fabricantes de productos de lujo del mundo eludían a Colombia. Era un mercado pequeño, distante y de bajo poder adquisitivo. Por tal razón, en el país existió, durante mucho tiempo, sólo un puñado de marcas de automóviles, relojes, bebidas y ropa. Quienes querían ir más allá para satisfacer sus gustos, tenían que desplazarse a Estados Unidos o Europa.

Hoy el panorama es distinto. Y aunque los consumidores siguen siendo pocos, ya son suficientes para hacer viables las operaciones de quienes elaboran y comercializan artículos de gran prestigio y, por supuesto, de alto precio. No es difícil, por ejemplo, encontrar relojes de US$50.000 en las joyerías más reconocidas. O bolsos y carteras de más de $5 millones.

Una casa con creciente presencia en el país es la francesa Louis Vuitton Moët Hennesy (LVMH), en cuyo portafolio figuran artículos de cuero, ropa, perfumes, relojes y bebidas. Uno de sus enviados especiales es Gilles Véluzat, quien, desde su oficina en Brasil, coordina las operaciones de mercadeo del grupo en América Latina, el Caribe, África, el Medio Oriente y Canadá. Según Véluzat, Colombia no es todavía una potencia de consumo en la región, pero está moviéndose en esa dirección.

Antes de beber la primera copa de Moët Chandon Extra Brut —que nos sirvieron en el reservado del restaurante Matiz—, Véluzat ofreció un detallado testimonio de lo que yace detrás de los productos de lujo. Empezó por relatar su historia personal con la marca de calzado y artículos de cuero Berluti, perteneciente al conglomerado. Él la conocía de tiempo atrás, pero sólo hasta hace poco se atrevió a comprar sus primeros zapatos allí. Pagó por ellos 1.200 euros. “Tardaron en acomodarse a mis pies, pero ahora no me los quito”, dice Véluzat. “Me ajustan a la perfección y me permiten caminar como nunca antes lo había hecho. Simplemente, me cambiaron la vida. Nunca más compraré otra marca. ¿Me hacían falta? No. Lo único cierto es que el lujo es algo que nadie necesita, pero todos quieren tener”.

La filosofía de LVMH, agrega Véluzat, es representar, ante los consumidores del mundo, las más refinadas cualidades del “arte de vivir” occidental. “Nuestros productos, y los valores culturales que ellos representan, mezclan la tradición con la innovación y combinan la realidad con la fantasía”.

¿Pero cómo es el comprador del lujo? Es, en esencia, un ser refinado, que sabe apreciar las cosas por lo que son y no por lo que parecen o reflejan a través de su imagen, dice. “Nuestros clientes buscan productos de tradición y experiencia para que permanezcan en el tiempo o dejen un recuerdo inolvidable”. Menciona, por ejemplo, los casos de champanes franceses como Dom Perignon o Krug Clos du Mesnil, propiedad de LVMH. “Son vinos espumantes como otros, pero sólo después de llevarlos a la boca se descubre que no tienen igual. Porque no es solamente comprar el producto, sino vivir la experiencia de consumirlo”.

Esto no sería posible, aclara, sin la mano del hombre, y en dicho sentido, LVMH se precia de tener los mejores artesanos del mundo para fabricar sus productos. “Pero, además, contamos con los mejores diseñadores y especialistas en mercadeo para comunicar las virtudes de nuestras marcas”.

A diferencia de los artículos de consumo masivo, cuyas ventas dependen de la salud de la economía mundial, los de lujo no están a merced de esas variables. Véluzat dice que las personas exitosas y adineradas amasan fortuna para mantenerla, y por lo tanto están por fuera de los remezones financieros. “Con algunas excepciones, nuestros compradores no entran en bancarrota, porque el mundo, los países y las ciudades los necesitan para desarrollarse. Son personas educadas para generar riqueza y, de manera paralela, para disfrutar las mejores cosas de la vida. Por eso, y aunque la situación sea difícil, los productores de artículos de lujo nunca la veremos negra”.

Para Véluzat, Colombia es un país de gran potencial económico y social, y, en tal sentido, será un mercado natural para los productos de LVMH. “Cada día que pasa Colombia se hará más sólida, más estable y más refinada. Sabemos que estamos sembrando, pero, a la vuelta de cinco a diez años, recogeremos”.

Temas relacionados

 

últimas noticias