Que la banca sea aburrida

Un sector financiero menos glamuroso significa banqueros más pobres.

Hace más de 30 años, cuando era estudiante de Economía, sólo los menos ambiciosos de mis compañeros buscaban hacer carrera en el mundo financiero. Incluso entonces, la banca de inversión pagaba más que la academia o el servicio público; pero tampoco mucho más. Y, de cualquier forma, todo el mundo sabía que la banca era, bueno, aburrida.

En los años siguientes, claro, la banca se volvió todo, menos aburrida. Florecieron los tejemanejes, y los salarios se dispararon atrayendo a muchos de los mejores y más brillantes jóvenes del país (está bien, no estoy tan seguro de la parte “mejores”). Y se nos aseguró que nuestro gigantesco sector financiero era la clave de la prosperidad. No obstante, en lugar de eso, las finanzas se convirtieron en un monstruo que se comió a la economía mundial.

Hace poco, los economistas Thomas Philippon y Ariell Reshef circularon un documento que pudo haberse titulado “El ascenso y la caída de la banca aburrida” (en realidad, su título es “Wages and Human Capital in the U.S. Financial Industry, 1909-2006” (Salarios y capital humano en el sector financiero estadounidense de 1909 a 2006). Muestran que la banca en EE.UU ha pasado por tres etapas en el último siglo.

Antes de 1930, la banca era una actividad emocionante que presentaba cifras de proporciones enormes, que construyeron grandes imperios (algunos de los cuales resultaron haber estado basados en el fraude). El sector financiero ambicioso presidió un incremento rápido en la deuda: la doméstica como un porcentaje del PIB casi se duplicó entre la Primera Guerra Mundial y 1929.

Durante esta etapa de altas finanzas, se les pagaba, en promedio, a los banqueros mucho más que a sus contrapartes en otras actividades. Sin embargo, las finanzas perdieron su glamur cuando el sistema bancario colapsó en la Gran Depresión.

El sector bancario que surgió de ese colapso se reguló, fue menos colorido de lo que había sido antes de la Depresión, y menos lucrativo. La banca se volvió aburrida, en parte porque los banqueros eran muy conservadores en cuanto a los préstamos: la deuda doméstica, que había caído como porcentaje del PIB durante la Depresión y la Segunda Guerra Mundial, se quedó por debajo de los niveles anteriores a 1930.

Es raro decir que esta era de banca aburrida también lo fue de un progreso económico espectacular para los estadounidenses.

No obstante, después de 1980, a medida que cambiaron los vientos políticos, se levantaron muchas regulaciones a la banca y se volvió a hacer emocionante. La deuda empezó a aumentar y finalmente alcanzó casi el mismo nivel respecto del PIB que tuvo en 1929. Y el sector financiero aumentó enormemente. Para mediados de esta década, representaba una tercera parte de las ganancias corporativas.

Con estos cambios, el sector financiero se convirtió en una carrera en la que se pagaba mucho en especial para quienes construyeron nuevos imperios financieros. En efecto, los ingresos en las finanzas tuvieron un papel enorme en el surgimiento de una segunda Edad de Oro en EE.UU.

De más está decir que las nuevas superestrellas creyeron que se habían ganado la riqueza. “Creo que los resultados que tuvo nuestra compañía, que es de donde provino la mayor parte de mi riqueza, justifican lo que obtuve”, declaró Sanford Weill en 2007, un año después de que se retiró de Citigroup. Y muchos economistas estuvieron de acuerdo.

Sólo unas personas advirtieron que su sistema financiero supercargado podría tener un final negativo. Quizá la Casandra más notable haya sido Raghuram Rajan, de la Universidad de Chicago, un ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, que argumentó en una conferencia de 2005 que el crecimiento rápido del sector financiero había hecho que aumentara el riesgo de una “crisis catastrófica”.

Sin embargo, otros participantes en la conferencia, incluido Lawrence Summers, hoy jefe del Consejo Nacional Económico, ridiculizaron a Rajan.

Y se produjo la crisis

Ahora, gran parte del éxito aparente del sector financiero se ha revelado como una ilusión. (Las acciones de Citigroup han perdido más de 90% de su valor desde que Weill manifestó su satisfacción por sus logros). Peor aún, el colapso del castillo de naipes financiero desató el caos en el resto de la economía, y el comercio mundial y la producción industrial han caído realmente con mayor rapidez que en la Gran Depresión. Y la catástrofe ha generado llamados para mucha más regulación del sector financiero.

Sin embargo, tengo la impresión de que quienes formulan las políticas aún están pensando principalmente en reorganizar las casillas del organigrama de la supervisión de la banca. No están para nada listos para hacer lo que se necesita hacer: que la banca vuelva a ser aburrida.

Parte del problema es que una banca aburrida significaría banqueros más pobres y el sector financiero aún tiene muchas amistades en lugares altos. Sin embargo, también es cuestión de ideología: a pesar de todo lo que ha sucedido, la mayoría de las personas en posiciones de poder todavía asocian las finanzas extravagantes con el progreso.

¿Encontraremos la voluntad para persuadir que se haga una reforma financiera seria? De no ser así, la crisis actual no será algo de una sola ocasión; será la forma de las cosas por venir.

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