Industria antiminas

La casa de diseño Miguel Caballero Ltda., especializada en seguridad personal e industrial, lanzó este año un traje de última tecnología resistente a los efectos de las minas antipersonales.

En sus épocas de “desminador”, de caminatas eternas por la selva, de temperaturas extremas de 33 o 5 grados centígrados, de casas bomba en el Nudo de Paramillo y de minas antipersonales camufladas en canecas de 55 galones, el mayor Diego Hernán Padilla se protegía sólo con un casco y un chaleco. Son historias de 12 años atrás, cuando los soldados encargados de despejar las bases militares —minadas en el gobierno de Rojas Pinilla— y de limpiar los campos y los pueblos del país sembrados por la guerrilla, sólo tenían apoyo logístico del gobierno de Estados Unidos.

El “desminador” de hoy, el soldado que en una mañana de abril está parado al frente del mayor Padilla —quien dejó el trabajo de campo hace unos años para dirigir el Departamento de Desminado del Ejército—, viste un traje fabricado con material inteligente creado en la Nasa, antifragmentación, telas refrigerantes y mallas que facilitan la transpiración. Pesa tan sólo siete kilos, cuando hace unos años superaba los 30. Un uniforme que en Colombia produce sólo una empresa: Miguel Caballero Ltda.

El soldado hará una puesta en escena sobre el proceso de desminado. Está parado en una cancha de gramilla muy verde, de la Escuela de Ingenieros Militares, en una zona demarcada por bandas amarillas y avisos de “Peligro. Minas. No entre, manténgase alejado”. El mayor Padilla advertirá que en la vida real, en los campos y en las selvas de Colombia, el proceso es mucho más complicado y largo. Pero la de esa mañana es sólo una demostración.

Evolución del traje

1998. En el primer semestre se producen 255 accidentes por minas antipersonales sembradas por las Farc y el Eln, según datos del Comité Internacional de la Cruz Roja. 100 personas mueren y 155 resultan heridas. Para esa misma época en Bogotá, en la empresa de protección especializada Miguel Caballero Ltda., está en proceso la creación del primer traje para la desactivación de minas. “En ese momento la problemática en el país ya era muy fuerte —dice Juan Manuel Carreño, gerente general de la compañía—. Éramos el cuarto o el quinto país en el mundo con el mayor número de víctimas por minas antipersonales. Hoy somos el primero”.

En ese mismo año sigue siendo tema de la agenda mundial la Convención de Ottawa: el tratado internacional que había sido firmado en 1997 por 122 Estados, entre ellos Colombia, y que prohibía el uso, la producción, el almacenamiento y el tráfico de minas antipersonales. El mismo tratado que también exigía la destrucción de los artefactos existentes en cada nación en un plazo de 10 años, prorrogables por un período (el plazo de Colombia para despejar las bases militares vence el 1° de marzo de 2011. Hasta hoy, de las 34 bases minadas, el Ejército ha limpiado 17).

Por eso —cuenta Juan Manuel Carreño—, 1998 era el año preciso para crear un traje que protegiera a esos militares que se pondrían en la tarea de limpiar las tierras. “En plena guerra —cuenta el mayor Padilla— el Ejército de Colombia empezó a desminar el país. Nosotros somos el único Ejército en el mundo que está desminando sus tierras en plena guerra”. La misión recayó sobre los grupos Exde —especialistas en explosiones y demoliciones—, que empezaron a recorrer Colombia protegidos, únicamente, con un casco kevlar y un chaleco antifragmentación. Pasarían siete años —hasta el año 2005— para que el traje se actualizara y se crearan nuevos pelotones especializados en el desminado humanitario.

En el campo

El soldado se ubica en la mitad de la cancha de la Escuela de Ingenieros. Tiene en sus manos un detector de metales. Repasa el terreno. Palpa hasta encontrar el elemento extraño. Marca con un aerosol el lugar exacto. Retira la vegetación que está ocultando el artefacto y cuando ya está al descubierto clava una banderita roja a su lado.

Si esto no fuera una demostración, el siguiente paso sería detonar la mina, y si en lugar de vestir este traje tuviera puesto el primero que fabricó Miguel Caballero Ltda. en 1998, el soldado tendría encima una vestimenta de más de 30 kilos, un uniforme tan pesado que después de media hora de trabajo se vería obligado a hacer una pausa larga para recargar fuerzas y tomar un respiro.

Los trajes de esta compañía, explica María Alejandra Trujillo, directora de Desminado, son diseñados especialmente para combatir las minas de Colombia, que son atípicas, instaladas en el fogón de una casa o en un tarro de leche.

“Lo que nosotros hicimos fue investigar qué clases de artefactos son usados con más frecuencia. Identificamos 60. Entonces calculamos un promedio de la velocidad y el impacto de los explosivos, y desarrollamos un traje con esa resistencia”. Y remata diciendo que si hoy se acabara la guerra en Colombia, tendrían que pasar 100 años para terminar de desminar el país. El mayor Padilla también coincide con esa estadística.

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