“Esta bonanza de café es de papel”

El máximo dirigente cafetero del mundo, Néstor Osorio, habla de los buenos precios del grano, dada la reducción en la producción y la buena demanda.

Por lo menos durante 150 días del año, Néstor Osorio permanece viajando por el mundo. Un día puede estar en una aldea remota de Uganda y a la semana siguiente en las calles del centro financiero de Tokio.

Estar al frente de un organismo multilateral que reúne a 77 países le da la posibilidad a este colombiano de moverse en las sociedades más desiguales del mundo (países productores de café) y en las más prósperas (consumidores).

El Espectador contactó en su oficina de Londres a este bogotano, quien desde 2002 es el director de la Organización Internacional del Café (OIC).

El ejecutivo analizó varios temas, bajo la perspectiva de que en medio de una de las peores crisis económicas de la historia, el café se constituye en una de las pocas materias primas que mantienen disparados sus precios.

¿Cómo analiza el mercado mundial de café?

La situación venía siendo de equilibrio entre oferta y demanda, en un equilibrio que se consolidó después de 2005 dada una situación de oferta muy controlada después de la crisis de 2000 a 2005, que se originó porque no hubo plata para siembras, ni para renovaciones. Los más recientes datos indican que la producción disminuyó en Centroamérica, África y en Colombia, por lo que corrimos hacia abajo el estimativo de producción anual a 127 millones de sacos, cuando estaba por encima de los 130 millones. Esto se suma a un crecimiento muy dinámico del consumo mundial, que se sitúa entre el 2% y el 2,5% cada año.

¿No les preocupa que los altos precios actuales generen la excesiva siembra y se vengan tiempos difíciles?

Puede ocurrir y por eso nuestro mensaje es a mantener el área sembrada, pero aumentando la productividad, porque aumentar las áreas es volver a sembrar la crisis, como sucedió entre 2000 y 2005, dados los buenos precios que se dieron entre 1994 y 2000. La agricultura tiene sus ciclos y el del café es de entre cuatro y cinco años, pero también se debe tener en cuenta que hoy las condiciones son nuevas y hay una lucha por las tierras para dedicarlas a la producción de energía o de comida. El mundo recibe 70 millones de bocas nuevas cada año, en 2050 el consumo de comida va a ser el doble del actual. Por ejemplo, en Brasil la rentabilidad del etanol fabricado a partir de la caña de azúcar es mucho mayor que la del café.

¿Y cómo se ha manejado ese tema en Colombia?

Necesitamos que se produzca más café, pero en los mismos terrenos, por eso el proyecto de renovación que ha emprendido Colombia es el adecuado. Uno de los problemas que se advierten en países como Kenia y Tanzania es que se ha reducido la producción debido al envejecimiento de los cafetales.

¿Con los datos de producción cómo se comportan los precios?

La situación del mercado es que los colombianos y los centroamericanos están recibiendo primas en su precio, sobre todo en Nueva York y en Alemania. El jueves se llegó a pagar hasta US$1,95 por la libra de café colombiano en Nueva York (el más alto en 12 años), ¿pero qué tanto café hay para comercializar a ese nivel?, es muy poco y por esto esta es una bonanza de papel. Hay que reconocer que hay una situación muy complicada y que nunca habíamos tenido una prima diferencial de 75 centavos de dólar para el café colombiano. En cualquier momento podemos llegar a precios que jamás hemos tenido.

¿Y cuáles son las perspectivas a corto y mediano plazo?

El dato de Brasil va a ser fundamental, pero es cierto que hay una estrechez entre la oferta y la demanda que preocupa. A esto se suman análisis del clima que indican que la humedad y las lluvias se van a mantener en los próximos dos o tres años en América Latina y Asia, mientras que habrá sequías en África.

¿Se puede afirmar que el café no se verá afectado por la crisis económica?

No por ahora. Le estamos haciendo un análisis a su impacto, observando qué sucede en el origen y qué pasa con el consumo. En el primer frente hemos tenido problemas por la escasez de créditos para financiar los cultivos. En algunos países centroamericanos el Estado tuvo que crear líneas de financiación con la banca privada; en Colombia se ha dado la refinanciación. Colombia tiene la ventaja de que cuenta con un plan de renovación y hay comprometido un dinero del presupuesto nacional.

¿Y en cuanto a los compradores?

En el consumo hemos visto que los hábitos en términos de volumen no han cambiado, puede que en la gama de cafés especiales —no representan más del 10% del mercado— haya habido deserción, pero en la oficina y en el hogar se ha mantenido o se ha incrementado, porque la gente prefiere quedarse en su casa y comprar café en el supermercado. Además, hay ofertas de café porque la política de los grandes almacenes es mantener a sus clientes con excelentes precios.

Lo que se nota es que la gente está comprando lo necesario: pan y café, y como muchos están deprimidos, el café es bueno para la depresión.

Brasil, que se había propuesto llegar a un consumo interno de 20 millones de sacos en 2010, puede revisar esa meta y demorarse un poco más. Claro que mantendrá un crecimiento de unos 400 mil sacos anuales y ha logrado duplicar su consumo en ocho años.

¿Cuál es la realidad de los pequeños productores?

Tengo la oportunidad de visitar a los productores África, Asia y América Latina dos o tres veces al año, y lo que se puede observar es una recuperación. La situación era muy grave entre 2000 y 2005, era un panorama triste, pues se encontraba uno con los efectos de los bajos precios, con niños y padres tan raquíticos como los palos de café. Hoy se pueden ver mucho mejor.

¿Cuántos países ha tenido la oportunidad de visitar?

Unos 90, y de eso quedan muchas anécdotas.

¿Cuál es el país que más lo ha impresionado?

Un país que impacta es India, allí he visto los cafetales más lindos del mundo, pero también a las personas más pobres. Es un mundo de contrastes entre realidades económicas, culturas, partidos políticos y hasta idiomas.

¿Cuál lo ha decepcionado?

Más que decepcionado personalmente, creo que a todos nos deben preocupar algunos países de África, donde uno encuentra muy poco desarrollo y muy pocos avances. A muchos de estos países los han acabado las guerras, pues todavía hay una cultura muy tribal.

¿Y qué piensa de Colombia?

Soy muy optimista frente al futuro del país. Cuando uno analiza la dinámica de crecimiento de nuestra nación frente a otras similares, encuentra que en los últimos años ésta ha sido mucho más rápida y vertiginosa.

“Nadie se va a tapar con estos precios”

Desde hace medio siglo, Silvio Maya cultiva café en las empinadas montañas de Pácora, un típico municipio hijo de la colonización antioqueña que se ubica en el norte de Caldas.

Según sus propias palabras, por estos días le están pagando una cifra inimaginable por la carga de café de 125 kilos. “Nos están dando entre $780 mil y $800 mil por la carga, pero, ¿para qué? Si no hay café”.

Este hombre, quien es miembro del Comité de Cafeteros de su municipio,  explica que la cosecha se ha reducido en por lo menos 50% a causa del fuerte invierno que azota a esta región de Colombia desde el año pasado.

“En el Comité se comenta que es mejor que el café nos lo paguen a unos $550 mil, pero que haya buena cosecha. Con lo de ahora nadie se va a tapar, ni a comprar casa o carro. Esa es la verdad”.