India: ¿esperanza y euforia justificadas?

La economía de la India podría no ser competitiva.

El resultado de las elecciones en la India ha llevado a la mayoría absoluta al partido reformista en el poder, el cual en la legislatura anterior tuvo que gobernar limitado por una difícil coalición con la izquierda.

Dicha victoria ha generado euforia en los mercados en la India así como esperanzas de un cambio profundo de la economía y de la sociedad india, más allá del milagro tecnológico de Bangalore que, hoy por hoy, dista mucho de ser un fenómeno generalizado.

La pregunta es si la euforia de los mercados y, más importante aún, la esperanza de los indios, está justificada. A primera vista uno podría pensar que una economía emergente del tamaño y la complejidad de la India bajo un régimen democrático, sólo puede moverse como un elefante y que nunca va a poder competir con la agilidad y fuerza del dragón, China. De la misma manera, es común oír que la espiritualidad de la India no puede hacer frente al pragmatismo de China.

El primer punto a considerar en este tipo de comparaciones es que la India no debería compararse necesariamente con China sino consigo misma. Si realizamos esa comparación, no cabe duda de que la India ha dado pasos de gigante –aunque ciertamente al ritmo de un elefante– hacia la modernidad.

La esperanza estriba en la creencia de que una mayoría en un gobierno reformista puede acelerar el ritmo de esa transformación.

En ese sentido, China sí qué juega un papel importante actuando como revulsivo para los políticos y los grandes empresarios indios pero, en la coyuntura actual, ese revulsivo puede esconder un dardo envenenado.

Me refiero, más concretamente, al creciente papel del Estado en China desde niveles iniciales ya excesivamente elevados. La lectura que muchos han hecho de la actual crisis de desmoronamiento de los mercados ofrece a los políticos chinos la coartada perfecta para justificar un giro hacia un peso aún mayor del Estado en la actividad económica.

Aún es pronto para saber si el nuevo gobierno indio va a seguir los mismos pasos, máxime porque las señales han sido mixtas. Por un lado, se ha anunciado la apertura de la educación terciaria de la India a las universidades extranjeras y, por otro, se ha decidido recapitalizar a todos los bancos públicos sin hacer referencia alguna a la supuestamente prevista apertura del sistema bancario a la competencia extranjera.

La India, más probablemente que China dada su escasez estructural de inversión, no puede dejar de lado al sector exterior. Necesita, por tanto, abrirse en los distintos ámbitos de la realidad económica.

El sistema financiero debe jugar un papel clave en esa apertura, puesto que la banca extranjera sin duda facilitaría la intermediación del ahorro del exterior hacia la India de una manera probablemente más segura de lo que ahora pueda hacer la estrecha y volátil bolsa de Mumbai.

 * Economista Jefe de Mercados Emergentes Servicio de Estudios BBVA.

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