Tela hecha arte

Pasarela Cromos de Colombiamoda 2009.

Con cada paso, cada vestido cobró vida. La organza bien plisada y el chiffón drapeado hicieron que las 35 modelos que desfilaron el martes por la pasarela Cromos de Colombiamoda 2009, en Medellín, fueran diosas de cobalto. En esta oportunidad, la diseñadora cartagenera Beatriz Camacho recurrió a una de sus referencias más personales: buscó en sus viejos cuadernos y rebuscó entre los libros favoritos, y se encontró con los colores brillantes, las formas orgánicas y el fuerte naturalismo del pintor y arquitecto austriaco Hundertwasser, siempre su favorito.

Aprovechando la riqueza del diseño digital textil, Camacho convirtió cada vestido en una pintura única que cobró volumen, que se hizo de tres dimensiones en el cuerpo de las modelos. La ganadora de los Premios Cromos de la Moda 2008 se atrevió a traducir ese rechazo imperante de la línea recta que Hundertwasser posó en su arquitectura, en sus vestidos. Deconstruyó las faldas, siempre respetando el lugar de la cintura. Cuando conservó los corpiños clásicos en el frente, rasgó las espaldas con asimetrías y recogió los vestidos a un lado, rompiendo la ley del equilibrio, para luego dejar caer toda la tela restante y acentuar el movimiento. Vuelo, ligereza, transparencias, parecieron ser los mandatos de cada uno de sus diseños.

Fue además una fiesta del vestido, la prenda sin duda imperante de la colección, y cada uno se acopló igual a la libertad del movimiento. También hubo presencia de algunos pantalones de tiro caído, capris sol y abrigos.

Los zapatos, que fueron una extensión de estampados, parecían hechos al unísono por Klimt y Schiele. Collares, peinetas y brazaletes acentuaron el naturalismo. Y después de ver morados, ocres y tierras, llegó el momento del brillo, del verde nacarado que se convirtió en el color ideal para los vestidos de la noche, largos, hechos de escamas de pescados y manteniendo ese bello desorden de formas que fue la colección de Beatriz Camacho.

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