Los accesorios de la solidaridad

La joven emprendedora Catalina Campis fue la creadora de esta microempresa que nació como consecuencia de un secuestro. Sus accesorios llegaron a Colombiamoda durante 2008 y en la edición de este año también tuvieron su espacio.

La historia de Catty Camps nació con un secuestro. En 1999, el ingeniero Luis Rafael Campis fue raptado por las Farc en el municipio de Campamento, al norte de Antioquia. Este doloroso episodio  duró un año y le dio la oportunidad a su hija Catalina de relacionarse con madres desplazadas de una amplia región que también comprendía Yarumal y Angostura.

El contacto con estas mujeres y la intención de generar emprendimiento se mezclaron y dieron lugar a Catty Camps, una pequeña compañía que desde el año 2000 empezó a abrirse campo en el competido mundo de los accesorios para dama. Un ramo mejor conocido como bisutería, un sector de la economía nacional que logró exportaciones por US$11,4 millones, sólo durante los primeros cinco meses de 2009, muy lejos de campos más reconocidos como la joyería colombiana que le generó divisas al país por US$642 mil en ese mismo período, de acuerdo con datos del DANE.

Poco a poco el emprendimiento de Catalina Campis empezó a tomar fuerza y así lo entendieron tanto en Colombia como en el exterior. Además, esta bisutería antioqueña empezó a formar parte de los accesorios para el cuello, las orejas o las muñecas que usaban mujeres en Centro, Norte y Suramérica.

El año pasado Catty Camps formó parte del primer grupo de empresas del sector que exhibió sus creaciones en Colombiamoda. Fue la única compañía antioqueña del sector que pudo darse ese lujo.

Para Catalina, ingeniera biomédica y especialista en mercadeo, la alquimia que lograban materiales como los cristales, piedras, aluminio, cuero, cacho, aluminio, plata y nácar empezó como un hobbie, pero terminó por convertirse en una forma de vida.

Está convencida de que la mejor forma de contribuir socialmente es mediante la generación de empleo y educación. En la actualidad les genera empleo a 12 madres desplazadas, que además tienen la característica de ser cabezas de hogar. “La intención es ayudarlas a que se superen, por esto también las apoyamos a que estudien”.

Gran parte de sus empleadas presentan pocos años de escolaridad, pero con su empeño ya ha logrado graduar como bachilleres a varias e incluso de mantenerlas en la educación universitaria.

Esta forma de hacer empresa le ha permitido vincularse con programas como los de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

Este año Catalina regresó a la vitrina de Colombiamoda, logrando ampliar sus mercados de destino. “En la actualidad exportamos a seis países, pero nuestro principal mercado es Venezuela. En esta feria encontramos a varios compradores internacionales interesados, sobre todo les llamaba la atención el componente social de la empresa”.

En Colombia su principal mercado es el corporativo: en el exterior, el personal. Una de sus claves es no fabricar más de 20 accesorios de la misma línea.

Hoy se siente orgullosa de su trabajo, pero quiere continuar creciendo para seguirles contribuyendo a los grupos más vulnerables de la población. Atrás quedó el dolor que le generó el episodio de su padre, el mismo que logró transformar en creatividad y solidaridad.

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