La reelección puede tener costos económicos

El vicepresidente de Política de Diálogo Interamericano, Michael Shifter, también se refirió al TLC.

Michael Shifter es una de las voces más reconocidas del continente a la hora de hablar de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. The New York Times, The Harvard International Review, Foreign Policy, Foreign Affairs y The Washington Post son algunos de los periódicos que han publicado los puntos de vista de Shifter, quien se desempeña como vicepresidente de Política de Diálogo Interamericano, un centro de investigación.

Shifter participó la semana pasada como conferencista en el Congreso Nacional de los Comerciantes que se realizó en Cali, y El Espectador aprovechó para entrevistarlo.

Siete meses después de la llegada de Obama al poder, ¿cómo ha cambiado la relación de Estados Unidos con Colombia?

Toca ver en qué aspectos existe continuidad entre Obama, Bush y otros presidentes, y en qué sentido hay cambios. Me parece, para empezar, que hay una mezcla de los dos elementos y es importante tratar de entender cómo Obama es diferente a Bush. Seguro es más abierto, tiene una política exterior más dispuesta al diálogo, es menos rígido en cuanto a su visión del mundo entre adversarios y amigos, y creo que es el Presidente más pragmático que hemos tenido en muchos años. Bush era más ideológico.

De otro lado, hay que entender que Estados Unidos sigue siendo la nación que es y por eso su Presidente hará todo lo posible para avanzar en los intereses nacionales. Por países, creo que México es un área de continuidad, porque es un tema que ha subido mucho en Washington; Brasil también es importante, porque Obama tiene una visión de la posición geoestratégica de este país en América del Sur, así como reconoce la importancia de Colombia, en la que hay muchos intereses en juego. En el caso de Cuba, sí ha habido cambios sustanciales.

¿Cómo analiza la aprobación del TLC con Colombia por parte de Estados Unidos?

Creo que todavía no tiene posibilidades y puede tomarse tiempo. Esto va a depender mucho de la agenda doméstica, en cuanto a lo que está tratando de hacer Obama en política de salud y en otros asuntos. Mi conclusión es que si es exitoso en estos campos y logra conseguir lo que está buscando, esto le permitirá tener una política más constructiva y más cercana con América Latina y, por ende, con Colombia. Ahí entra en juego el TLC.

¿El convenio que firmó Colombia con Estados Unidos para el uso de sus bases militares es una concesión para que se apruebe el TLC?

Lo que veo en Washington es que son dos dinámicas totalmente separadas y funcionan en carriles independientes. Una de las frustraciones de mi trabajo es precisamente explicar, a colombianos y a otros amigos, que la política allá es muy fragmentada y que el tema comercial tiene su propia lógica. Entonces, la gente pregunta por qué al mismo tiempo que Colombia es un aliado en asuntos como el combate al narcotráfico, no puede aprobarse el TLC, lo que es una pregunta sumamente sensata y la explicación es que esto funciona en dos mundos diferentes.

Y siguiendo con el tema de las bases, ¿qué pasará con los anuncios del presidente Hugo Chávez de no comprarle más a Colombia?

Creo que el presidente Chávez quisiera hacer muchas cosas, como cambiar su principal comprador de petróleo, que no sea Estados Unidos sino China, cambiar como proveedor a Colombia por Argentina, pero lo que quiere más que nada es mantenerse en el poder y sabe que es costoso realizar esos cambios. Muchos no tienen sentido económico, Colombia y Venezuela están tan conectados que es muy difícil hacer esos cambios de compras, si van a empezar a importar de Argentina los costos serán muy elevados y esto pondrá más presión por el mayor descontento de la población, pues la economía venezolana tendrá mayor inflación, lo que al final pone en riesgo su propio poder.

Siempre hay una brecha entre lo que él quiere hacer y lo que al final realmente hace, porque por ejemplo hoy Venezuela exporta más petróleo que nunca a Estados Unidos.


¿Cómo se percibe la posible segunda reelección del presidente Uribe en el exterior?

La percepción desde afuera es curiosa, me parece que quienes son más uribistas son las más antirreeleccionistas, porque reconocen tanto la labor del presidente Uribe que no quieren poner en riesgo su legado, que es tan positivo. Esto se evidencia cuando leo editoriales de periódicos como The Washington Post, que ha sido pro Uribe en todo, diciendo “por favor no lo hagas”, y a esto se suma que la gente que no está de acuerdo con el mandatario dice lo mismo. Lo que ha logrado Uribe es algo sin precedentes, porque es la unidad de todos los lados del espectro político en Estados Unidos alrededor de la no reelección.

¿Y considera que de darse se pagaría un costo económico?

Mi impresión es que esto sí va a tener un costo y creo que se puede extender, por ejemplo a Wall Street, porque la sensación es que es evidente la concentración de poder y la falta de independencia de los organismos de control, lo que es importante para que una democracia funcione bien. Esto es lo que percibe uno de afuera, pero estando en Colombia se nota que él (el presidente Uribe) es muy popular, muy querido como mandatario y que trabaja de manera incansable. De todos modos afuera hay una impresión de que Colombia ha avanzado tanto, que este proceso no tiene reversa, que cualquiera que llegue continuará con su trabajo y esto hablaría bien de su gestión.

Después de los altos precios de los commodities llegó la crisis y éstos cayeron. ¿Considera que América Latina aprendió algo de este proceso para dejar de depender tanto de las materias primas?

Siempre hay lecciones, pero a veces es complicado ponerlas en práctica, porque los incentivos y los vicios siguen. Quisiera decir que América Latina aprendió de esta crisis y que va a cambiar, pero eso es más fácil decirlo que hacerlo, pues hay intereses y prácticas muy complicadas de cambiarlas; ojalá que sí, pero no es rápido, requiere liderazgo, claridad, definiciones a los más altos niveles y no sé hasta qué punto esto se dé en la región.

A propósito de la crisis, ¿considera que ya tocamos fondo?

La respuesta honesta es no sabemos. Parece, o da la sensación, o lo que dicen los economistas, en quienes no se puede confiar totalmente, es que ya tocamos fondo, pero que la recuperación va a ser lenta y complicada, y que se deben hacer ajustes permanentes. Creo que a esta altura nadie piensa que las cosas serán como eran antes, yo no escucho eso de nadie, pero sí es notable la mejoría. Hace unos seis meses se hablaba en Washington hasta del colapso del sistema, de escenarios catastróficos, ahora hasta los más pesimistas, como Rubini, en este momento tienen una perspectiva más alentadora y el consenso piensa que ya tocamos fondo.

¿Y cuál cree que es el panorama de América Latina y en particular de Colombia?

Hemos tenido muchas crisis en América Latina, pero ésta se originó en mi país. Creo que la mejor cosa que puede hacer el presidente Obama para la región es poner la casa en orden. La sensación es que realmente se han dado cambios impresionantes en el manejo de la economía y uno hubiera previsto un golpe más fuerte por la crisis, y a excepción de México la situación no ha sido tan grave.

En cuanto a Colombia, la percepción es muy optimista, tiene fama de tener muy buen manejo de su economía, fue el único país grande que no sufrió la crisis de la deuda externa, tiene tradiciones y prácticas que están muy bien apreciadas desde afuera. La evaluación, en general, es positiva, porque la economía colombiana está en la categoría de los más eficaces y responsables de la región.

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