Una marca entre el odio y el amor

La imagen de Google se diluye entre las demandas de sus competidores y proyectos de energía alternativa.

Fue un algoritmo matemático, la simple suma de operaciones para encontrarle solución a un problema, el secreto de su éxito, de los miles de millones de dólares que ganaron con el paso de los años, de su consagración como genios tecnológicos y de la inmortalización de su marca en la memoria colectiva del planeta.

Y es ese mismo algoritmo el culpable de sus dolores de cabeza, de las acusaciones de prácticas monopolísticas e invasión a la intimidad.

Todo se remonta a la primavera de 1996, cuando dos universitarios crearon un sistema de búsquedas que clasificaba la importancia de las páginas de internet según el número de hipervínculos (links) citados por otros textos. Con unos cuantos dólares y el apoyo de la Universidad de Stanford, los jóvenes (por entonces por debajo de los 30 años) hicieron pública su invención con el nombre de Google.

 Tres años después, cuando ya el buscador había salido del entorno universitario y comenzaba a hacerse un nombre propio en el voz a voz de internet, dos fondos de inversión, Kleiner Perkins Caulfield & Byers y Sequoia Capital, le asignaron un apoyo financiero por US$25 millones. De ahí, el paso a la bolsa de valores era apenas lógico.

En 2006, después de dos exitosos procesos de oferta pública de acciones (OPA), el nuevo conglomerado económico (su plataforma ofrecía, además de las búsquedas, servicios de correo electrónico, blog y video) reunió más de US$23.000 millones para posteriores proyectos.

Pero las manchas comenzaron a dominar al tigre. Continuas demandas de empresas por, entre otros temas, violación de patentes, infracción de derechos de autor y posición dominante sobre el mercado. Sus enemigos le echan la culpa al mítico algoritmo, uno de los secretos, junto a la receta de Coca-Cola, mejor guardados de la industria.

El negocio del futuro

Lo que comenzó como una nueva aplicación, el Power Meter (que permitía a los usuarios medir el consumo de energía de sus hogares), se transformó en un nuevo negocio: las redes de distribución de energía. Desde hace tres años la empresa inició varios proyectos de investigación de energías alternativas, como la eólica y la termal, lo que resultó en la instalación de decenas de paneles que capturan energía solar en su sede de Mountain View, California.

En febrero pasado el gobierno estadounidense autorizó la creación de Google Energy, la nueva división encargada de la venta de electricidad. El proyecto incluye la propia generación, de la cual dependerán en un futuro los servicios informáticos de la empresa.

Un negocio redondo, pues la empresa ya había oficializado su intención de incursionar en la banda ancha con el objetivo de proporcionar una conexión de un gigabyte “a un precio competitivo”.

El buscador en Colombia

“Cinco empresas al día adquieren el servicio de Google Apps”. Ese es el balance que realiza Lucas Canal, director de productos de Avanxo (firma que maneja los productos empresariales de Google).

La enorme penetración del buscador en el país hizo que la ahora multinacional informática entrara al mercado nacional en la década pasada. Su elección fue exitosa: Colombia es hoy el primer país de América Latina en adopción de la plataforma de productos de Google.

Parte del éxito se debe a su bajo costo. El concepto de Cloud Computing, que permite las comunicaciones desde la red, es ofrecido para empresas medianas a una tarifa de US$50; aquellas que tengan menos de 50 empleados, pueden obtener correo corporativo, chat y foros internos, grupos de trabajo y calendarios compartidos totalmente gratis.

“Buscamos disminuir la brecha tecnológica entre las grandes y pequeñas empresas a un precio bajo”, comenta Canal.

Por otra parte, los rumores indican que el teléfono de la multinacional, el Nexus One, llegará al país en 2011, y que la plataforma Google Waves sería lanzada este año.

Una álgida disputa con China

Febrero pasado fue un mes de disputas aciagas. Los primeros días de 2010 vieron cómo la relación entre Google y el gobierno chino, caracterizada por las restricciones de contenido político en sus búsquedas (las páginas sobre el Dalai Lama, por ejemplo, no eran accesibles dentro del territorio), llegó a su punto más bajo.

Un grupo de Piratas cibernéticos (hackers), presuntamente pertenecientes al ejército chino y la Universidad de Shanghai, invadieron las cuentas de correo de defensores de Derechos Humanos, opositores a las políticas de Beijing, y también robaron secretos comerciales.

La violación de sus servidores hizo que los directivos del buscador se quejaran ante las autoridades y que, incluso, plantearan la posibilidad de retirarse de ese mercado, uno de los más grandes del mundo con 384 millones de usuarios.

Sin embargo, la amenaza tenía un propósito. El gigante tecnológico le comunicó al gobierno que desistiría en su propósito si cedía en algunas de sus restricciones, las mismas que lo tienen relegado al segundo lugar del mercado de las búsquedas en ese país, por detrás de Baidu, un buscador local.


Una estrategia que comenzó a rendir sus frutos el viernes pasado, cuando Lu Yizhong, ministro chino de Industria y Tecnologías de la Información, aceptó que su cartera busca un acercamiento con Google para zanjar diferencias.

Pero la pelea no termina: la Casa Blanca planea presentar una queja formal ante la Organización Mundial de Comercio por las restricciones a la multinacional.

Y el nombre se convirtió en leyenda...

Una cifra inconcebible. Un uno seguido de cien ceros fue el concepto que adoptaron Page y Brin para nombrar su obra maestra.

 La llamaron Google, una deformación de gúgol (googol, en inglés), la cifra imaginada por primera vez en 1938. ¿Su autor? Milton Sirotta, un niño de nueve años que era sobrino del matemático Edward Kasner, quien lo acuñó en el libro ‘Las matemáticas y la imaginación’.

Aunque el gúgol no tiene una aplicación práctica en las matemáticas, se emplea para comparar cantidades gigantescas con el número de partículas que existen en el universo visible.

El número sólo pudo ser calculado en toda su dimensión con la entrada de las primeras computadoras, a finales de los años 50.

La palabra, en su versión alterada, fue inmortalizada en 2006 al ser incluida en el diccionario de Oxford para describir “el uso de la máquina de búsqueda Google para obtener información”.

La manzana demanda

Violación de cerca de 20 patentes. Esa fue la denuncia que Steve Jobs, presidente de Apple, presentó en EE.UU. contra HTC, la compañía taiwanesa que fabrica el Nexuc One, teléfono celular de Google y amenaza directa del iPhone (de Apple). Aunque en el texto no se cita en ninguna parte a Google, algunos expertos señalan que la motivación es clara, toda vez que Apple exige restricciones a sus importaciones. Este punto es clave, pues las cifras recientes parecen darle la espalda a la empresa de la manzana: mientras el iPhone ofrece cerca de 10.000 aplicaciones y se vende entre US$99 y US$299, su competidor, lanzado este año, tiene un precio que va de los US$79 a los US$199 y con su sistema operativo, Android, pueden descargarse 20.000 programas. “Apple ahora se ve derrocada, está jugando a la defensiva y Google a la ofensiva”, le dijo Will Stofega, directivo de la firma IDC, a la cadena CNN.

Europa: ¿una pelea desleal?

El Viejo Continente se ha convertido en una fuente de constantes problemas para Google. Recientemente tres ejecutivos de su operación en Italia fueron condenados a seis meses de cárcel por violación a la intimidad. El argumento: no haber vetado un video de YouTube en el que un grupo de colegiales insultaban y golpeaban a un compañero con síndrome de Down.

La condena llega al mismo tiempo en que la Unión Europea busca a toda costa limitar el uso de las fotografías que el buscador emplea en su servicio Street View (foto). Aunque las autoridades comunitarias alegan que el tiempo de almacenamiento, actualmente de un año, debería reducirse a la mitad, su petición es motivada por las quejas de ciudadanos inconformes con aparecer en imágenes no autorizadas que consideran invasión a la intimidad.

La compañía ha apaciguado la tormenta al proponer un sistema en el que sus usuarios pueden vetar las fotos, pero aún no se pronuncia por las múltiples quejas de infracciones al derecho de autor.

Y por si fuera poco, más de una docena de demandas se han presentado en su contra por competencia desleal y posición dominante.

Sin embargo, varios periodistas han señalado que algunas de las empresas demandantes, en su mayoría pequeñas, reciben un amplio apoyo (tanto legal como financiero) de Icomp, una empresa con fuerte ‘lobby’ en Bruselas y financiada por su competidor, Microsoft.

“Nuestros competidores buscan ansiosamente en los tribunales de todo el mundo quejas contra nosotros”, aseguró un portavoz de Google. Microsoft ha negado cualquier vínculo.