La liga de los sueños rotos

Los enormes ingresos por derechos televisivos y patrocinios atrajeron a grandes inversionistas que crearon una genuina burbuja. Los elevados déficits podrían hacerla estallar.

En los pubs del Sheffield de los años 70, entre pinta y pinta de espumeante cerveza, un joven llamado Jim O’Neill escapaba de las gráficas de la tasa de natalidad británica que tanto lo nublaban en sus clases de Geografía. Prefería refugiarse en charlas con sus compañeros de universidad sobre un tema más urgente: el preocupante ocaso de George Best que amenazaba con mandar a la segunda división al Manchester United en ese dramático campeonato de 1972.

La situación no mejoró, y con el descenso del año siguiente O’Neill abandonó para siempre los mapas. Se decidió por la Economía, elección que lo llevó a doctorarse 10 años después en la Universidad de Surray, y posteriormente a trabajar en varios bancos europeos hasta recalar en el gigante estadounidense Goldman Sachs. Allí se hizo a un nombre como economista en jefe al ser en primero en acuñar el término “economías emergentes” en 2001 cuando describió el asombroso crecimiento de Brasil, India y China.

Pero el verdadero sueño de O’Neill sólo comenzó a hacerse realidad en 2004, al convertirse en directivo de su amado Manchester United. Fue un romance tórrido. Porque el equipo que había visto su horas oscuras en los 70 no sólo había resucitado sino que de la mano de sir Alex Ferguson se había convertido en el dominador de la Premier League. El ídolo de entonces, David Beckham, quien había dejado muy atrás los días gloriosos de Best al levantar la Champions League de 1999, había abandonado el club la temporada anterior. Las esperanzas de los llamados Diablos Rojos se centraban en el fichaje de un tal Cristiano Ronaldo para asegurar el título de liga de la temporada.

Fue un sueño que se rompió muy rápido. Desde Rusia había llegado a la liga un magnate con amplia billetera, Roman Abramovich, quien compró al modesto Chelsea e invirtió más de US$428 millones en fichajes, conquistando la temporada 2004-2005. El sueño directivo de O’Neill terminó ese mismo año con el anuncio de que el Manchester había sido comprado por la familia estadounidense Glazer, que pagó US$1.500 millones por la totalidad accionaria del club. El hincha no tuvo más remedio que empacar sus cosas en una caja y salir de la sede administrativa del club con la cara larga.

Un negocio jugoso

La llegada de nuevos dueños a los tradicionales equipos de fútbol de Inglaterra (algunos con casi un siglo de fundados) comenzó a volverse una constante con el cambio de milenio. Los orígenes de este fenómeno se encuentran en la crisis económica que azotó a la isla a comienzos de los años 90. Ante la necesidad no sólo de reunir más dinero, sino de negociar los contratos de televisión y de patrocinio por sí mismos, los 22 clubes de primera crearon la Premier League en 1992.

Fue una decisión visionaria. Según la firma consultora Deloitte, en su informe de 2009 sobre la liga, el nuevo campeonato coincidió con la recuperación de la economía británica, que entre 1992 y 2008 creció a una tasa promedio nominal de 5,4%. Durante este tiempo las ganancias colectivas de los clubes ingleses crecieron a una tasa anual de 16%, con lo que, en promedio, en 2008 cada uno percibió una entrada promedio de US$152,7 millones.

Precisamente, esos fueron los años dorados del Manchester United. En el campo deportivo, entre 1992 y 2003, el equipo ganó ocho campeonatos de liga, cuatro Copas FA, una Champions League y una Copa Intercontinental; en el terreno administrativo, en 1991 el club fue avaluado en la Bolsa de Londres en US$27 millones, fue el primer club en el mundo en tener su propio canal de televisión y rompió varias veces los récords de la transferencia más cara.

Las enormes ganancias de los equipos ingleses no tardaron en atraer a los inversionistas. Con Abramovich y los Glazer llegó el empresario estadounidense Stan Kroenke para invertir en el Arsenal; el polémico ex presidente tailandés Thaksin Shinawatra compró el Manchester City en 2006 por US$124,6 millones, y lo revendió en 2008 al jeque Mansour bin Zayed por cerca de US$229 millones; en 2007, los financistas norteamericanos George Gillet y Tom Hicks adquirieron el Liverpool por US$334,2 millones.

Tanto dinero no tardó en despertar preocupación. “Creo que hay desembolsos absurdamente altos que te hacen pensar: ‘¿Cuándo acabará todo esto?’. Es exactamente lo que estaba pasando en el mundo de los negocios hace dos años”, comentó Ferguson, técnico del Manchester United, al diario británico The Guardian. Una sospecha legítima que confirmó la consultora Ernst and Young a principios de 2010, cuando consignó en su estudio anual sobre fútbol: “Algunos de los principales clubes europeos registran grandes pérdidas que son compensadas por los bolsillos de sus dueños o presidentes”.

Esta realidad no tardó en golpear a los “Diablos Rojos”: a pesar de liderar la lista de ganancias dentro de la Champions League, mantiene hoy una deuda de US$1.093,3 millones (generados en gran parte porque los dueños sumaron a las finanzas del club el crédito con que lo compraron) que ha despertado la furia de sus hinchas. Uno de ellos, el gurú económico O’Neill, decidió tomar cartas en el asunto, reunir a un grupo de inversionistas y buscar la compra del club.


En menos de dos meses logró reunir a 60 empresarios dispuestos a pagar a la familia Glazer más de US$2.290 millones. Pero los propietarios no están dispuestos a vender la joya de su corona, menos cuando el equipo lidera la presente temporada en la liga y es serio candidato a ganar su tercer Champions League; además los ingresos por televisión subieron 55% desde 2007.

O’Neill y su grupo, llamado Los Caballeros Rojos, prometen seguir en la lucha: ya contrataron al banco japonés Nomura para hacerse cargo de la operación de compra y tienen el apoyo de un grupo cada vez más grande de hinchas.

El anuncio coincide con la crisis de resultados del Liverpool, que tienen mucho que ver con su déficit de US$433,6 millones, y con el anuncio de Abramovich, cansado de ver esquivo su sueño de abrazar la Champions League, de invertir US$152,8 millones de cara a la temporada 2010-11. Noticias intrigantes, sobre todo cuando la Uefa denunció que las deudas de la liga inglesa equivalen al 56% del déficit total del fútbol europeo.

Los falsos rescatistas

En julio de 2009 ocurrió un milagro en la ciudad de Nottingham. La prensa británica no tardó en darle despliegue: Munto Finance, un fondo de inversión con sede en Oriente Medio, había anunciado la compra del Notts County, de tercera división. Los nuevos dueños no hicieron pública la cifra pero sí su proyecto, según el cual en cinco años rendiría frutos cuando el equipo jugara la Premier League.

Como muestra de su seriedad, la junta directiva contrató al afamado entrenador sueco Sven-Goran Eriksson como mánager deportivo de este tradicional equipo, que entre sus 147 años de historia cuenta con una Copa FA, una Copa Anglo Italiana y tres campeonatos de Segunda División.

“Fue un sueño hecho realidad”, recuerda Jurgen Halligan, hincha y administrador de la página nottscounty.info, en diálogo con El Espectador, y agrega: “Eriksson elevó el nivel del club y en toda la ciudad hubo mucho entusiasmo”.

La nueva administración mantuvo las expectativas altas al anunciar contrataciones de alto nivel para la categoría, como el arquero danés Kasper Schmeichel (ex Manchester City) y el defensor mundialista Sol Campbell (subcampeón de Europa con el Arsenal). Pero dos meses después el cuento de hadas se derrumbó con el anuncio de las autoridades deportivas de investigar el proceso de compra; por si fuera poco, los malos resultados obligaron a un cambio en la dirección técnica.

  “Munto no tenía dinero y el club alcanzó un punto bajo, cercano a la quiebra”, comenta Halligan con cierta amargura. La zozobra continuó en los meses siguientes, después de que los directivos anunciaran varias “anomalías financieras” en los balances del club.

Para febrero de 2010 llegó una nueva administración. El empresario Ray Trew compró al County por el valor simbólico de una libra esterlina (US$1,52); acto seguido, Eriksson renunció, motivado por los rumores que lo ubicaban como seleccionador en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Mientras los recibos del fisco británico llegaban con avisos de pago urgente por cerca de US$500.000, el nuevo propietario denunció al diario The Independent: “Desde la llegada de Munto, nadie ha puesto un centavo. Ningún acreedor ha recibido dinero, la deuda más grande es con el antiguo presidente, a quien se le deben US$760.000”.

En los últimos meses, Trew consiguió inyectarle nuevo capital al club, cambió de estratega y ha logrado una racha de 10 victorias y un empate. “Creo que ganaremos la promoción”, asegura Halligan, muy emocionado.

 

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