‘Macaco’ y sus vueltas en el Valle

Johnny Cano relató que conoció al senador Luis Élmer Arenas. El congresista explicó que fue en el marco de sus gestiones de paz.

Si algo quedó en evidencia con las declaraciones que le entregaron desde Estados Unidos a una comisión de la Corte Suprema de Justicia los capos del narcotráfico Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, y Johnny Cano Correa, es que, justo cuando cayeron en desgracia o pesaba sobre ellos órdenes de extradición, el aparato de guerra del bloque Central Bolívar que comandaba Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias Macaco, se tomó a sangre y fuego todos los municipios del norte del Valle donde ejercían influencia, desatando una violencia con sus ejércitos privados.

Al margen de lo que se ha filtrado en la última semana de dichos testimonios, el de Cano Correa cobra particular relevancia, pues ahonda en detalles de cómo se gestaron en el año 2004 reuniones entre narcotraficantes del Valle y un jefe de las autodefensas, a las que asistió un senador de la República, para detener el baño de sangre de ese departamento. El lugarteniente de Rasguño recordó que Macaco le hizo saber que estaba muy molesto con él porque organizó el encuentro, del que también fueron partícipes cinco alcaldes del norte del departamento.

Así se lo explicó a la Corte: “La reunión sí se hizo, pero porque a mí me manda razón Don Diego (Diego León Montoya Sánchez) que le consiguiera una finca donde reunirse con Ernesto Báez, quien venía en representación de las autodefensas, prácticamente de Macaco, y con el señor Élmer Arenas”. Se refería al hoy congresista del Partido de la U que se acaba de ‘quemar’ en las elecciones del pasado 14 de marzo. Entonces, Macaco le reclamó a Cano que estuviera organizando reuniones sin su permiso. Él le respondió que sólo buscaba una vía para detener la “matacera” entre ‘Los Machos’ y ‘Los Rastrojos’, es decir, los aparatos militares al servicio de Don Diego y Wílber Alirio Varela, alias Jabón.

Cano Correa, quien intentó colarse como paramilitar en los diálogos de Santa Fe de Ralito, relató que la persecución contra Rasguño fue estrechándose con el concurso de su petición de extradición y la recompensa que se ofrecía por su cabeza de $5.000 millones. En el año 2000, Macaco y Rasguño se cruzaron en reuniones y cada uno maniobraba en los escenarios de la ilegalidad sin pisarse las mangueras. Hacia el año 2003, el asunto se fue poniendo color de hormiga para Rasguño. Al año siguiente cayó en Cuba, sus hombres quedaron huérfanos de poder y esos vacíos los copó Carlos Mario Jiménez Naranjo y su gente. Es más, todas las personas de confianza de Ariel Rodríguez o El Flaco, quien manejaba la agenda política del narco, fueron exterminados por Macaco.

“Dicen que la gente mía que no se fue a trabajar con él, pues la mataron”, reconoció Rasguño ante investigadores de la Corte Suprema el 24 de febrero de 2010. El capo contó que muchos de sus hombres se aliaron con el jefe del bloque Central Bolívar y, a manera de anécdota, dijo: “Yo me encontré con él en Washington y nos saludamos ahí un momentico. Pero lo que quedó atrás, quedó atrás”. Aunque no le reclamó, sí supo de todos los asesinatos que ejecutó cuando Rasguño huía en la clandestinidad o en los 33 meses que permaneció en una pequeña celda en La Habana, con un policía a su lado las 24 horas. Casi medio centenar de sus hombres sucumbieron ante la violencia implantada por el jefe paramilitar.

Sin la hegemonía de Rasguño, Johnny Cano Correa terminó como protegido de Macaco. Según Cano, lo conoció en 2001 en una reunión en la finca El Vergel a la que asistieron un hermano del narco Víctor Patiño Fómeque, Diego León Montoya y Arcángel Henao. Supo entonces que a través del narcotraficante Rafael Sánchez manejaba a la sobra los hilos del poder. Pero antes de ser apadrinado por Macaco fue también perseguido por su égida criminal. El propio Sánchez lo instó para que dialogaran, pues estaba en el radar para ser asesinado. Por intermedio suyo se fijó una cita: “Le pregunté por qué me estaba atacando y él me dijo que atacaba a la guerrilla donde quiera que estuviera. Le dije que no era guerrillero y él me dijo que yo tenía por esos lados a Diego Montoya”.

Era una pelea entre narcos y el que ganó la batalla por la toma del poder fue Macaco. El mismo Don Diego, en principio, le ofreció su respaldo contra Macaco. Pero más pronto que tarde Cano Correa terminó del lado de su verdugo. De hecho, tuvo que visitarlo en Ralito en marzo de 2005 para explicarle los detalles del encuentro al que asistieron los capos con Báez y el senador Luis Élmer Arenas. Después, por orden del jefe del BCB, se vio con él, con un sujeto conocido como Olmedo Gómez, con el ex alcalde de Cartago y congresista Luis Carlos Restrepo y con alias Monoteto, el mismo comandante de la ‘Oficina de Envigado’ que fue asesinado en Buenos Aires hace menos de dos años. Precisamente, en una finca de Macaco, Johnny Cano fue detenido.

En medio de ese fuego cruzado entre los capos y sus hombres asesinándose en el Valle, o los enroques de fichas clave de sus organizaciones, Johnny Cano le dijo a la Corte que tuvo relación con Luis Élmer Arenas. Al ser consultado por este diario, el dirigente vallecaucano expresó que estuvo autorizado por el Gobierno para gestionar un sometimiento colectivo de estas mafias, “pero se filtraron los detalles de estos avances y el proceso se vino al piso”, indicó Arenas y añadió que participó en cuatro reuniones con Diego León Montoya Sánchez, Johnny Cano y otra gente del cartel del norte del Valle, en donde se trató el tema de sus eventuales extradiciones.

El senador, que resultó en este asunto luego de que así se lo propusieran unos hombres que lo abordaron en la cárcel La Picota de Bogotá, recordó en particular la reunión en la que estuvo Ernesto Báez, la misma que tanto malestar le generó a Macaco: “Era una cuestión humanitaria. En el norte del Valle y Risaralda estaban matando a los campesinos y yo, como miembro de la Comisión de Paz del Senado, estaba autorizado para hablar con los ex integrantes de las Auc. Macaco se había ido de Ralito y, según sabíamos, tenía gran incidencia en la zona, por eso la presencia de Báez en ese encuentro”. A renglón seguido, Arenas negó haber tenido cualquier otro vínculo con los capos y dijo estar dispuesto a atender cualquier inquietud que estos hechos le pudieran haber general a la Corte Suprema.