La pasión de los alimentos

Los severos cambios del clima y la baja rentabilidad que perciben los industriales del agro le han pasado factura al sector.

El clima le pasó una dura cuenta de cobro al país. Las heladas de comienzo de año no sólo causaron estragos en el Altiplano Cundiboyacense, donde la quemadura de pastos y la repentina muerte de centenares de reces por nitratos influyó en un incremento del precio de la carne y la leche, sino que también redujeron las extensiones de cultivos como la papa, el maíz y la naranja.

Por si fuera poco, la crisis con Venezuela, país que decidió reemplazar las importaciones de alimentos colombianos con compras a Argentina, Brasil y otras naciones, además de la imposición de salvaguardias a las exportaciones nacionales por parte de Ecuador, causaron una sobreoferta que, en casos como la leche, no necesariamente se vio reflejada en una disminución de los precios.

Las cifras del agro colombiano son bastante preocupantes. Según datos de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el auge que experimentó el sector entre 2001 y 2008, con tasas de crecimiento del 3,1%, tuvo un estancamiento el año pasado cuando su actividad productiva retrocedió 0,6%.

Y el futuro no parece ser prometedor. Las cuentas de los agricultores prevén que el fenómeno de El Niño —que en casos concretos, como el del arroz de los Llanos Orientales, contribuyó a que las centrales mayoristas recibieran una gran oferta que incidió en precios más bajos— se extenderá hasta finales de abril.

Pero es entonces cuando surge un nuevo problema: la baja rentabilidad a la que los agricultores, afectados por los drásticos cambios climáticos (el paso de épocas de mucha agua a intenso verano), se han tenido que acostumbrar. Esta nueva condición ha obligado a muchos cultivadores a reducir las extensiones de los cultivos para mitigar las pérdidas, un fenómeno del cual la SAC aún no conoce su verdadero impacto en la producción actual.

Con este panorama llega la Semana Santa, época en la que los precios, en general, muestran una tendencia al alza.

Como era de esperarse, la demanda del pescado se incrementó por la época de Cuaresma. El precio del bocachico, el nicuro y el bagre ha subido, y en ciudades como Sincelejo, donde el incremento alcanza ya el 11%, se vende el kilo a $9.750 en la central mayorista.

Una suerte que comparte el maíz trillado blanco, cuyos precios se incrementaron en 8 de las 20 ciudades en donde se ofertó. La principal causa de este comportamiento es El Niño, que sólo en Cundinamarca y Boyacá acabó con cerca del 30% de la cosecha, según cálculos de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (Fenalce).

Las alzas parecen ser la constante en este año que recién alcanza su primer trimestre. Sólo entre enero y febrero pasados los alimentos aumentaron 4,12% sus precios mayoristas, aunque el viacrucis de alzas pronto tendrá su redención.

No habrá importaciones de arroz

Aunque las altas temperaturas retrasarán el inicio de las siembras de arroz, el país arrancó 2010 con un inventario de 623 mil toneladas del cereal, que serán suficientes para garantizar la oferta y compensar la disminución que se pueda presentar por circunstancias climáticas. Según el gerente de Fedearroz, Rafael Hernández Lozano, el país está preparado y no requiere importaciones para asegurar normalidad en la oferta del producto frente al consumo nacional. Es decir, descarta cualquier tipo de importación y por ello dijo que no hay lugar para incrementar los precios al consumidor. Para proteger la producción se han fortalecido las acciones conjuntas con la DIAN y la Policía Fiscal y Aduanera para reducir el contrabando.

Hernández considera que el Gobierno debe brindar el apoyo a los productores en materia de créditos con tasas preferenciales y de esta forma compensar a quienes resultaron golpeados por los bajos precios de la cosecha pasada.

Hernández estima que este año en los departamentos de Casanare, Meta, Huila y Tolima se sembrarán cerca de 250 mil hectáreas, las cuales producirán alrededor de 500 mil toneladas hacia finales de agosto.

¡Qué mala leche!

El consumo de lácteos en Colombia tuvo una caída prolongada durante el año pasado, a tal punto que ésta superó el 17% en leche pasteurizada, del 10% de leche en polvo y 1,6% en quesos, según la Asociación de Procesadores de Leche (Asoleche).

Hoy el consumo per cápita del producto en el país es de 137 litros al año.


Según Jorge Andrés Martínez, director de Asoleche, esta situación obedeció a la crisis económica que golpeó fuertemente a los hogares. Mientras que en los estratos altos se ha incrementado el consumo de lácteos, en los bajos ha disminuido considerablemente debido a su poco poder adquisitivo.

La crisis con Venezuela llevó a la repentina suspensión del comercio entre los dos países, lo cual obligó a Colombia a buscar nuevos mercados de exportación con México, Chile, Corea y la Unión Europea. Frente a esta última negociación, los representantes de los productores de leche manifestaron su rechazo al Gobierno Nacional, debido a la manera como quedó este sector en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea.

Pesca, el futuro

Aunque Colombia cuenta con 997 mil kilómetros de mares, el desarrollo de la industria pesquera es aún muy débil y el consumo de su producto, uno de los más bajos del mundo. La Asociación Productora y Comercializadora de Productos Pesqueros (Apropesca) calcula que Colombia es el séptimo productor de pescados y mariscos de Suramérica, lo cual demuestra que nuestro país “no es la gran potencia como siempre se ha querido establecer”,  ha reiterado Alejandro Londoño, presidente de la entidad. Según datos del gremio, la producción nacional es de 175.000 toneladas al año. Las exportaciones de 2009 alcanzaron apenas las 20.244 toneladas de productos pesqueros y acuícolas, cifras que se quedan cortas teniendo en cuenta que, por ejemplo, Perú comercializó durante el mismo período 2,1 millones de toneladas.

Precios del pollo, por las nubes

Así como la demanda de pescado se incrementó con la llegada de la Cuaresma, el mismo fenómeno influyó en el suministro de pollo de las centrales mayoristas.

Por ejemplo, en los casos de muslo sin rabadilla, su valor aumentó 1% en promedio, con ventas por kilo del orden de los $5.350 en Medellín y los $4.600 en Bogotá.

Sin embargo, a diferencia de otros sectores, el porvenir está lleno de luz. Así lo registran las estadísticas de la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi), que en 2009 consignaron una producción de 1’019.865 toneladas, que significaron un crecimiento del 1% al ser comparadas con los números del año anterior.

Sin embargo, el mercado de los huevos sí ha sufrido un decrecimiento en su precio. Gracias a una mayor oferta proveniente de Santander, el precio del huevo rojo cayó en 4 de los 18 mercados donde se comercializó, con reducciones de cerca del 2% en capitales como Montería y Tunja, donde se llegó a cotizar a $220 y $217, respectivamente.

En los últimos dos años la producción de huevos, según Fenavi, creció 6,7% al pasar de 9.681 millones de unidades en 2008 a 9.038 millones en 2009.

Maíz, en la penumbra

Los dos primeros meses de 2010 fueron especialmente críticos para este cultivo. Las bajas temperaturas que trajeron consigo las heladas en el centro del país fueron las culpables de que se perdieran 1.980 hectáreas de maíz choclo en la sabana de Bogotá y otras 7.500 en el altiplano cundiboyacense, lo que representa el 30% del total de la producción en ambos departamentos.

Esta situación agravó aún más el delicado desempeño del sector, que el año pasado, de acuerdo con las estadísticas de Fenalce, redujo su  producción total a 1’446.879 toneladas, un decrecimiento del 10,6% frente a las cifras de 2008.

Como era de esperarse, este comportamiento se vio reflejado en un aumento de las importaciones de maíz blanco desde Estados Unidos y México, que en 2009, frente al año anterior, aumentaron en 116.707 toneladas.

Los precios no tardaron en sentir este trajín. Sólo en Bogotá el kilo de maíz trillado blanco registró un alza del 3% al venderse a $1.413. En 2009, el consumo aparente de maíz amarillo se ubicó en los 4 millones de toneladas, de las cuales el 75% pertenecieron a la producción nacional; el indicador de maíz blanco es de 700.000 toneladas.