Por: Nicolás Rodríguez

No más tolerancia

A LA POSIBILIDAD DE LA ADOPCIÓN gay se oponen los de siempre. Y en general con los mismos argumentos.

Que la familia con padre, madre y niños es el núcleo básico de la nación, que el rol básico de la familia es procrear, que Dios hizo a Eva y a Adán y no a Adán y a Federico (o cualquiera sea el nombre escogido para el chistecito homofóbico de rigor), que de una pareja gay sólo puede surgir otro gay (lo que supone que un niño homosexual es un problema grave) y así, hasta el último de los lugares comunes de la cultura heterosexual.

Con todo, lo que realmente llama la atención no es la rigidez, el apego a la Biblia y la falta de argumentos científicos (o por lo menos informados) de los sectores más tradicionales. Todo ello es bastante normal, siempre ha sido así. Lo nuevo es el lenguaje políticamente correcto de quienes, también entre las figuras de la opinión pública, se dicen tolerantes frente a la homosexualidad.

El caso más dramático es el del propio ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, quien sacó  pecho para afirmar que había votado a favor de que se les reconocieran los derechos patrimoniales a los homosexuales pero después agregó, sobre la adopción, que tiene la impresión de que “en muchos casos estas parejas no tienen la estabilidad necesaria para adquirir este tipo de obligaciones”.

Algo así como que debido a sus inclinaciones sexuales (cuyas prácticas imaginará el ministro que son carnavalescas e insaciables), el homosexual no está a la altura moral del heterosexual. Por consiguiente, no es de fiar. El homosexual, parece querer decir el ministro, es un irresponsable.

Y como el ministro, muchos más practican el arte de la tolerancia, que con seguridad es un avance frente a la homofobia de los más conservadores pero que, de cualquier manera, no deja de ser una actitud que encubre el fastidio y la falta de aceptación.

Como cuando la mamá bogotana, que todos (y ella misma) suponen contraria al racismo, se opone al matrimonio de la hija con un negro.

 

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