La moralidad del vencedor

Después de la ‘Operación Jaque’ ya nadie quiere hablar de los votos comprados, ni de la corrupción en el Congreso, y a la pobre Yidis, ni empelota le paran bolas.

La disputa entre Uribe y la Corte también parece haberse saldado a punta de avemarías y padrenuestros, gracias a la intermediación de monseñor Rubiano, y de la Santísima Virgen, que debe estar muy sorda para que sólo ahora, después de tantos años de sufrimiento, venga a oír los ruegos por los pobres secuestrados.

La gente, como muchos analistas deportivos, juzga el partido por el resultado. El equipo que había sido vapuleado por su mal desempeño, se convierte después del gol marcado en el último minuto en el mejor del torneo. Este parece ser el caso con los medios de comunicación que, después de la ‘Operación Jaque’, pasaron de la consternación más honda por la supuesta crisis institucional que atravesaba el país, a hablar de “poner fin a las diferencias entre Uribe y la Corte”, como si las gravísimas acusaciones que se le han hecho al Gobierno pudieran desaparecer dialogando.

Ahora bien, o la Corte tiene pruebas fidedignas de los supuestos delitos de los que se acusa a funcionarios del Gobierno, en cuyo caso los implicados deben ir a la cárcel, o hay una campaña para desacreditar al presidente, y de ser así, deberán ser otros los investigados. ¿Cómo es posible que el éxito de una operación de rescate haga que problemas tan delicados se conviertan por arte de magia en desacuerdos menores entre los dos poderes? ¿Y qué pasó con los otros puntos de discordia? ¿No era pues que el magistrado Velásquez quería enlodar a Uribe? ¿Y qué ocurrió al fin con Tasmania y su última declaración en la que se retracta de lo dicho el año pasado?

Pero no sólo aquí se ven semejantes desatinos. A la presidenta Bachelet de Chile se le ocurrió la idea ridícula de proponer a Íngrid como candidata al Nobel de la Paz. Pero, ¿qué ha hecho Íngrid para merecer este premio? ¿Y por qué Íngrid y no, digamos, el profesor Moncayo, que con su esfuerzo humilde y tenaz por lo menos logró que el mundo se enterara de la tragedia de los secuestrados? 

La moralidad del vencedor es uno de los sesgos sicológicos humanos más comunes. Al vencedor se lo considera virtuoso, no porque  lo sea, sino simplemente por haber vencido. Después de la victoria gringa en la guerra del golfo, Bush padre alcanzó una popularidad similar a la de Uribe. Pero su hijo, después de haber gozado de igual aceptación, es hoy el presidente más impopular de la historia de Estados Unidos, un ídolo de ayer, repudiado hoy por haber fracasado en el mismo lugar donde su padre triunfó.