El doctor Santos

EN 1974 MURIÓ EL DOCTOR SANTOS. Sí, para los que no lo vivieron hubo en Colombia un doctor Santos, Eduardo Santos, el director-propietario del periódico El Tiempo durante más de seis decenios.

El prestigio del doctor Santos fue un tris superior al de Santos Calderón, Juan Manuel. Al morir el doctor Santos surgió la incógnita de la sucesión. El doctor Santos no tenía hijos, pues su hija Clarita falleció a muy corta edad y ya había muerto su esposa Lorencita Villegas. No se sabía quién heredaría la gran fortuna económica que representaba el periódico: el doctor Santos no tenía socios ni planetas, él era el único dueño. Ni se sabía quién heredaría la influencia que ejercía El Tiempo. Una chiva de El Espectador despejó la incógnita. Este periódico publicó el testamento del doctor Santos. Las cien acciones de la sociedad quedaron atomizadas entre sus allegados, don Roberto García-Peña, el director; Abdón Espinosa Valderrama, el gerente; el médico del doctor Santos; el contador del periódico; Daniel Samper Pizano, que recibió cuatro acciones; Enrique Santos Calderón, otras cuatro si mal no recuerdo, y así sucesivamente con el propósito explícito de repartir la propiedad.

 El doctor Santos no tenía hijos, pero sí dos sobrinos, hijos de su hermano Enrique Santos Montejo, Calibán, el leído columnista fallecido en 1971. Estos sobrinos, Hernando y Enrique Santos Castillo, trabajaban en El Tiempo desde 1945, pero no eran sobrinos del alma del doctor Santos, por el contrario, se los mantenía a raya. Según le oí contar varias veces a un accionista de El Tiempo, el doctor Santos tan poco quería a sus sobrinos que decía que Hernando era un pendejo y Enrique un fascista. En vida del doctor Santos, los sobrinos se turnaban la jefatura de redacción, un día era jefe de redacción Hernando, al día siguiente Enrique, pero quienes gobernaban eran los dos santandereanos de confianza del doctor Santos, García-Peña y Abdón Espinosa.

El testamento fue notable por la intención del doctor Santos de dejar el periódico en manos de sus empleados y allegados de confianza, excluyendo a casi todos los otros Santos. Hernando Santos heredó acciones, pero la malquerencia hacia su subrino Enrique Santos Castillo, padre del próximo presidente, quedó evidenciada en su exclusión absoluta de la herencia. Y no es de extrañar, pues el doctor Santos decía que el comunismo era una doctrina, una doctrina detestable, pero una doctrina, y en cambio para él el fascismo no llegaba siquiera a constituir una ideología. El doctor Santos convirtió su periódico en tribuna antifranquista, acogió a republicanos españoles en la redacción y ayudó a otros a refugiarse en Colombia. Un sobrino fascista debía ser para él la última maldición.

Con los años se apoderaron de El Tiempo sus sobrinos, Hernando como director, Enrique como editor y verdadero poder absoluto. Apuesto doble contra sencillo que en el discurso de posesión de Juan Manuel Santos no habrá alusión alguna al doctor Santos. El apellido es el mismo, pertenecen al mismo tronco familiar, pero el doctor Santos y Juan Manuel Santos no son la misma cosa.

* Periodista.

 

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