Uribe y la flotilla

La constitución de la comisión de las Naciones Unidas para investigar el asalto, el 31 de mayo pasado, de un comando de la armada israelí a la "flotilla humanitaria" ha sido una delicada obra de alta orfebrería diplomática por parte del secretario general del la ONU, Ban Ki-moon.

Israel se había opuesto hasta ahora a la comisión de la ONU, acusando a este organismo de estar siempre sesgado en su contra, mientras que Turquía, cuyas embarcaciones fueron las atacadas, insistía en el establecimiento de dicha comisión.  Estados Unidos y Europa presionaron fuertemente a Israel para que aceptara una investigación independiente, a lo que finalmente accedió  Jerusalén, considerando también la necesidad de reconstruir sus  estratégicas relaciones que durante años ha mantenido con Ankara, gravemente afectadas por la guerra de Gaza en 2008 y exacerbadas por el asalto a la flotilla.

La comisión será presidida por el ex primer ministro de Nueva Zelanda Geoffrey Palmer y copresidida por el presidente saliente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez. Tendrá además un representante tanto de Turquía como de  Israel.

Uribe goza de la confianza de las grandes potencias, es visto como un adalid de la lucha contra el terrorismo, desarrolló unas estrechas relaciones con Israel, subió el perfil de las relaciones con Turquía y en lo referente al conflicto de Oriente Medio mantuvo una política independiente en la ONU, absteniéndose en casi todas las votaciones que normalmente se dan en ese organismo condenando a Israel por cualquier cosa.

La comisión  debe analizar las investigaciones que cada uno de los países, Israel y Turquía, han realizado sobre el incidente y entregar un informe con recomendaciones  al secretario general.

 Pero como ocurre en estos casos, máxime con la presencia de dos ex jefes de Estado, la comisión seguramente irá más allá de su mandato original y analizará además del asalto a la flotilla, el candente tema del bloqueo naval de Israel a Gaza y su incidencia en la población, el control de Hamas sobre la franja y otros aspectos relacionados con el conflicto palestino-israelí.

Para Israel es un gran riesgo el haber aceptado colaborar con la comisión, cuyas recomendaciones se harían de obligatorio cumplimiento únicamente si el Consejo de Seguridad las acoge, pero la debacle diplomática sufrida por el Estado judío no le dejó muchas opciones.

Para Uribe, por otro lado, es una gran oportunidad de demostrar sus dotes de líder internacional, distraerse de la política local en los primeros días del gobierno de Santos y podría ser el trampolín de su candidatura a la Secretaría general de la ONU cuando le toque nuevamente el cargo a América Latina.

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