Unas de cal y otras de arena

El país ha progresado en los últimos ocho años en educación y Bogotá lidera este avance al garantizar la gratuidad en los nuevos megacolegios que pusieron en marcha las últimas administraciones y la alimentación básica de la mayor parte de los niños escolarizados de estratos más bajos.

La tendencia también resulta positiva para el país. Hoy, según cifras del Ministerio de Educación, la cobertura llega al 64% para los niños de jardín, al 90% para los de primaria y al 70% para los de secundaria. Si comparamos estos resultados con los de 2002, vemos una mejora importante en la cobertura de la educación media y superior, la infraestructura escolar y los programas de evaluación. Desafortunadamente, todavía no puede decirse lo mismo de la calidad.

Aunque los niños y jóvenes ya están en la escuela, aún no desarrollan en ella las competencias más importantes para la vida. Esta idea la sustento mediante la revisión de los resultados de las principales pruebas internas e internacionales en las que hemos participado en la última década.

En las del Icfes, por ejemplo, los promedios del país no han mejorado y los estudiantes que llegan a los niveles altos en el desarrollo de sus competencias son menos del 2%. Las pruebas internacionales en las que ha participado Colombia también ratifican la necesidad de enfocar los esfuerzos a mejorar la calidad. La TIMSS, por ejemplo, evalúa los resultados en ciencias y matemáticas de los grados 4º y 8º, y los resultados son críticos.

Colombia también puso a prueba en 2006 a sus estudiantes mediante la prueba PISA, la cual a juicio de diversos expertos es la más reconocida en evaluación de la calidad. Ocupamos el puesto 52 entre 56 países y preocupa que sólo el 5% de los estudiantes alcanzó los niveles 4 ó 5 de lectura y el 2% los tres más altos en matemáticas.

Desafortunadamente, la educación sigue centrada en el aprendizaje,  se siguen entregando pescados a los estudiantes y no se enseña a pescar, ni se dota a los niños de cañas para hacerlo. Mientras esto siga así, no podrá mejorar la calidad de la educación. Por ello es imprescindible un acuerdo nacional que sólo se materializará con nuevos y creativos programas para formar a los maestros en las demandas de la sociedad del Siglo XXI: el desarrollo de competencias para pensar, interpretar, amar, convivir y argumentar.

*Director del Instituto Alberto Merani.

 

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