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hace 2 horas

¿Un nuevo siglo?

A VECES LOS SIGLOS NACEN DOS veces y eso pasó con el siglo XXI.

Nació una primera vez en 1991 con la caída del comunismo, la consagración de la globalización y la creencia de que la libertad de circulación de las riquezas permitiría un mayor desarrollo general y la extensión de la democracia hacia todo el mundo. Se anunciaba, por otro lado, el fin de la Historia, el fin de las contradicciones políticas después de los fracasos de la Sociedad de Naciones y de los éxitos a medias de la ONU (que convirtió los derechos humanos en políticos, económicos y sociales).

Sin embargo, apareció rápidamente “un mundo sin dirección” a partir de un fenómeno de transnacionalidad que se desarrolló por la persistencia de grupos que sobrevivieron al comunismo. Grupos que, como las mafias y los fundamentalistas musulmanes, generaron espacios sin ley y aprovecharon ciertas situaciones de laisser-aller, laisser-faire. Se crearon —o aumentaron—, de esta manera, numerosas zonas grises donde reinan los paraísos fiscales, los mercados, instituciones, operaciones financieras y productos facilitadores del robo de riquezas mediante organizaciones delictivas y numerosas fachadas.

Por otra parte, la política unilateral de los EE.UU. fue sólo la expresión extendida de lo que había empezado en 1991: el rechazo a prever y manejar la “economización” del mundo, a imponerse reglas a sí mismo y al capitalismo y a colocar límites a la sociedad de hiperconsumo, cuyo ideal justificaba todo como consecuencia de la multiplicación del “dinero fácil” generado por actividades ilegales de todo tipo.

Lejos de cumplir sus ideales, EE.UU. permitió que se debilitara la democracia a través la multiplicación de esos espacios, no sólo en el área supuestamente legal de las bolsas mundiales, sino también en el área ilegal ya descrita. La fuente de dinero ilegal fue tan importante que el 12 de abril de 2009 los activos tóxicos de los bancos sobrepasaban $4.000 billones; una cifra similar a la que invirtieron los Estados para rescatar su economía.

Esta “financiarización” del mundo llevó a la aparición de la crisis, no sólo económica, sino como modelo de desarrollo, y reveló la disminución de los derechos humanos donde se suponía iba en aumento.

En contra de todo esto, las decisiones del G20 —con la presencia de Obama— establecen una repolitización del espacio internacional tras el multilateralismo: el bienestar de todos. Se trata de imponer reglas precisas en relación con el medio ambiente —la insistencia radical en el crecimiento ecológico— y en materia de regulación financiera —se pretende que ningún país, mercado, institución u operación financiera pueda escapar de la ley común.

El G20 abordó la tan esperada democracia mundial y, por ende, la posibilidad de que crezca en cada país. ¿Irrumpe, finalmente, la globalización política? ¿Estaremos ante un nuevo capitalismo por una sociedad de consumo renovada? Apenas empieza la historia del siglo XXI.

*Doctor en Ciencias Políticas del Instituto de Estudios Políticos de París.

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