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hace 2 horas

Obama y el multilateralismo

BARACK OBAMA GANÓ PORQUE SE mezclaron sus evidentes ánimos de renovación y la realidad que exigía una nueva forma de enfocar el manejo del Estado norteamericano.

Para algunos Obama simplificaba una nación que quería romper el molde de la era Bush. Pasados cien días, las señales que envía el nuevo inquilino son ciertas: hay un cambio real.

En el campo internacional Obama no cree en la química entre presidentes para manejar las relaciones internacionales. Concibe, como buen demócrata y contrario a la doctrina Bush, que lo mejor es escuchar y llegar a consensos entre múltiples ópticas y no en direccionamientos mesiánicos ni tercos. Desde el primer día le dijo al mundo que no se las sabía todas. En su discurso de juramentación predicó un sentimiento de querer escuchar y para hacerlo iba a recurrir a los organismos históricamente creados para ello: los multilaterales. Los mismos que Bush se pasó por la faja en épocas recientes. ¿Contrastes pragmáticos o realistas? Ni lo uno ni lo otro: ideología pura. Obama es un ideólogo liberal (esta última palabra en los Estados Unidos produce altísimo temor).

Para poder darle cuerpo a su sentimiento de escuchar para solucionar en grupo, Obama inició con una serie de innovaciones que van de lo interno a lo internacional. En lo primero, constituyó un gabinete norteamericanista, entendiéndose éste como una mezcla de tendencias partidistas y de pluralidad de formas de pensar para siempre ser él quien tome la última decisión, ¡claro!, luego de debatir, debatir y debatir (le gusta mucho generar confrontaciones entre sus colaboradores).

En lo externo su primera gira no fue a países, fue a organismos. El G-20, donde lanzó un llamado a resolver la crisis económica entre todos: “Nuestro objetivo más importante es consensuar un mensaje de unidad en el desafío de enfrentar la crisis”. En la OTAN no tuvo empacho en decir que la solución para derrotar los extremismos “no se puede conseguir sólo con balas” para reafirmar que era necesaria una coordinación con las agencias de la ONU, del número de civiles dedicados al desarrollo, tanto en Afganistán como en la zona fronteriza de Pakistán. La reunión en Turquía ante el parlamento de este país, mayoritariamente musulmán, ratificó que Norteamérica no está en guerra contra el islam, al tiempo que urgió a la Unión Europea a aceptar como miembro a la república otomana.

La decisión de Hillary Clinton de afirmar a un grupo de periodistas a 30.000 pies de altura, a su regreso de una conferencia internacional en La Haya sobre la problemática afgana, que la administración Obama abandonaba la expresión  “guerra contra el terrorismo”. La gira del vicepresidente Biden, experto en temas internacionales, por escenarios multilaterales del hemisferio occidental tales como la conferencia progresista en Chile, la reunión con países centroamericanos en Costa Rica y en Trinidad y Tobago a donde Obama llegó desarmando espíritus antiyanquis luego de lanzarle al mundo un escenario novedoso y multilateralista en esencia como es reconsiderar las relaciones con Cuba, eliminando la cavernaria idea restrictiva de más de cuarenta años. Estos y muchos otros son indicios de que la nueva administración estadounidense tiene una agenda cargada de variaciones.

* Analista político y ex diplomático.

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