El Dorado, un aeropuerto anticuado

AL ENCONTRARNOS EN LA MÁS avanzada tecnología aeroportuaria del actual siglo, nuestros dirigentes de la Aerocivil se esfuerzan por regresarnos al siglo pasado, al pretender modernizar una estructura de más de cincuenta años de construida.

Convendría que se armonizaran con el viejo adagio popular “De un saco sale un chaleco, pero de un chaleco no sale un saco”.

En este país que ha puesto de moda la “consulta” convendría le preguntaran a la opinión pública si quiere, necesita, requiere y pide a todos los vientos un nuevo aeropuerto y no un remiendo imposible de modernizar.

Los nuevos aeropuertos distan mucho de las viejas construcciones. ¿No habrán avanzado la ingeniería, la arquitectura, la comodidad para prodigarle al usuario una cómoda atención y hacer más grato el viajar?

Nuestra empresa Avianca tuvo que salirse de ese envejecido caparazón para agilizar sus servicios y montar una organización a la altura de las necesidades presentes y creó el Puente Aéreo, que logró momentáneamente suplir en parte la ineficiencia de El Dorado.

Bogotá demanda un aeropuerto ultramoderno a la par de los más avanzados tanto en Latinoamérica como en todas las otras latitudes, pues hoy se encuentra rezagada en el avance de las nuevas tecnologías aeroportuarias, incluyendo una tercera pista que los usuarios requieren para que se agilicen sus viajes.

¿Qué mente puede sostener que en un caparazón construido hace 50 años puede aparecer por arte de magia un aeropuerto con el lleno de los requerimientos que demanda la modernización presente?

Los errores, sean mayores o menores, deben corregirse a tiempo. En el caso de El Dorado se sigue perdiendo tiempo precioso para demoler lo que fue, y ya no lo es, el aeropuerto que merece la Nación.

Decía en otra oportunidad que los gobernantes se recuerdan por las obras que dejan y no por remiendos que auspician. ¿Acaso merece la capital un castigo para justificar la miopía de quienes contrataron una remodelación y no un aeropuerto moderno? ¿Dónde está la verdadera autoridad gubernamental que evite este exabrupto, en unos mandos medios o en los ministerios o el señor Presidente mismo?

Mañana nadie recordará quién ordenó la mal llamada remodelación, sino a quienes nos gobernaban a los colombianos que secundaron semejante adefesio.

Que se rompa la intransigencia de los opositores al nuevo aeropuerto y que se comience la construcción de acuerdo con los requerimientos de la obra y las necesidades presentes.

Dejemos de pensar y obrar en pequeño y adentrémonos en los requerimientos modernos y a suplir cuanto antes nuestras diferencias.

Ojalá los medios escritos iniciaran la encuesta nacional: ¿Qué es lo que merece Colombia, un aeropuerto moderno o el revestimiento irracional de un caparazón obsoleto y ya inservible?

¿La última palabra quién la tiene?

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