Ojalá no llegue la ‘cuchibarby’

HAY UNA RUBIA CUARENTONA QUE lleva semanas prometiéndonos que si la elegimos representante a la Cámara se empelota en Soho.

No nos ha revelado, sin embargo, a través de los múltiples medios que han hecho eco de su payasada, hasta dónde iría el destape en caso de obtener una curul en el Congreso: ¿mostraría el inicio de la línea de la cola, toda la línea, el borde de una teta, una teta completa, las dos tetas sin manos ni prendas que las tapen? ¿Sería una sesión de fotos eróticas en su cama, con ligueros y baby doll? ¿O más bien las lumbreras de su unidad legislativa optarían por una puesta en escena un poco más original: la honorable representante, despernancada y viringa sobre su pupitre?

Cuánto Photoshop requerirían sus conejos, sus llantas, sus estrías, su celulitis, sus hoyitos en abdomen y glúteos, sería un secreto que sólo ella, el fotógrafo y el diseñador de la revista conocerían.

Pero el secreto que esta finura cartagenera no ha podido guardar es que detrás de su ridícula promesa no hay una propuesta medianamente sólida que justifique su frivolidad (la de ella, no la de Soho, que se anotó un gol por la creatividad); no hay ideas; no hay mensaje de renovación; no hay sesos; sólo culto a la estupidez.

Pero más lamentable aún es que, a diferencia de propuestas serias de otros candidatos que han gozado de menos presencia en los medios, esta relacionista pública, que sabe bien en qué país está timando, tiene chance de “coronar” (bella palabra propia de nuestro facilismo nacional), del mismo modo en que han coronado payasos locales y extranjeros como Moreno de Caro, Lucho el embolador, la Cicciolina, la Gorda Fabiola o Regina Once.

Por cuenta del desprecio hacia los políticos, una franja importante de jóvenes hoy mirará a un lado, se quedará en la casa o irá a cine pero no saldrá a votar. Y es una lástima, porque con los votos independientes de cientos de miles de jóvenes le podríamos ayudar al país a desengüesarse de unos cuantos maestros del serrucho y del ¿Cómo Voy Yo? (CVY). A través del voto no vendido de las nuevas generaciones que se están formando en facultades de artes, humanidades o ciencias, se les podría dañar el caminado a los partidos rastreros, al comercio electorero, a los mercachifles de la política.

Al margen del ruido producido por tantas campañas mentirosas y multimillonarias, perpetradas por politiquillos sin escrúpulos, hay candidatos honestos, con hojas de vida limpias y patrimonios obtenidos dentro de la legalidad, como los de la lista cerrada a la Cámara del Partido Verde, o como el historiador y dos veces concejal de Bogotá Juan Carlos Flórez (de la lista de Fajardo al Senado), cuya trayectoria ha demostrado que lo suyo no es el torcido ni la marrullería.

Esa franja independiente de votantes jóvenes e informados (hastiados de la politiquería), que si vota no lo hará por bonitos rostros de portada, ni por políticos cuyo atractivo no es otro que la juventud, ni por culebreros ávidos de contratos y puestos para repartir, tiene en estas listas buenos candidatos para escoger.

Si esa franja saliera a votar en masa mañana, quizás el próximo Congreso no tendría apenas un cinco por ciento de senadores y representantes transparentes, como estiman algunos académicos, sino un porcentaje menos escuálido de legisladores decentes. Pero no nos hagamos ilusiones.

* Director de la revista ‘Cartel Urbano’

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