Por: Eduardo Sarmiento

Desconcierto del Banco de la República

El viernes pasado el Banco de la República elevó la tasa de interés de referencia a 4%. El mismo día el ministro de Hacienda salió con el gerente del Banco de la República ilustrando las bondades de la medida, y el día siguiente apareció con el presidente de la República diciendo que la tasa no debe subir más.

La explicación es más técnica que política .La Junta está montada en el criterio de  la inflación objetivo, que  implica elevar la tasa de interés cuando aumentan las expectativas de inflación. En razón a que la tasa de interés y el dinero tienen tanto efectos reales como monetarios, la política  provoca un deterioro de la producción y el empleo con efectos indeterminados sobre la inflación.

 La medida revela el escaso compromiso del Banco de la República para sostener el tipo de cambio. La elevación de la tasa de interés atraerá más ingreso de capitales que  debilitará la intervención del Banco en el mercado cambiario. La Junta estimula la entrada de capitales,  luego adquiere las divisas para mantener el tipo de cambio, y más tarde eleva las tasas de interés para reducir la emisión. No hay cuándo terminar. Es el juego del perro que corre para morderse la cola.

Por otra parte, no es fácil entender la coherencia global. En el fondo, el Banco de la República está reconociendo que la economía se  recalentó,  con base en el disparo del crédito y las importaciones, que  son más la  consecuencia de la monumental revaluación y el  déficit en cuenta corriente. Lo cierto es que el desempeño de las variables reales  es apenas modesto. La producción industrial crece 4.5%, la agricultura baja, el empleo crece 2% anual y el desempleo es el mismo de hace 6 años,  y el consumo de energía desciende.

Desde la implantación del sistema imperante anoté que la concepción teórica era equivocada y traería revaluación y  deterioro de la actividad productiva y el empleo. Luego de más de diez  años de fracasos reiterados, algo se avanzó. Así lo sugieren la actitud del presidente y el  ministro  de Hacienda.   Lo malo es que  se replica la moda internacional, que siguió a  la crisis de 2008, de cuestionar los resultados  de las reformas neoliberales y mantener  las concepciones y las políticas que las causan.

Al  Gobierno no le gustan los resultados de las políticas  del Banco de  la República, pero no rechaza la teoría y las concepciones que las inspiran. En ningún momento reconoce el fracaso del Banco Central autónomo que le da prioridad a la inflación, ni del método de inflación objetivo que constituye su materialización más perfecta. En la práctica, acepta las recomendaciones fundamentadas en el método de inflación objetivo, pero cuestiona que acentúe la revaluación y agrave el desempleo.

La verdad es que la política monetaria viene fallando de tiempo atrás. El Banco de la República ha  debido buscar teorías más representativas de la realidad y  sobre esas bases diseñar políticas efectivas para enfrentarlas; en su lugar, se quedó perfeccionando y radicalizando  las mismas concepciones equivocadas.

 En mi último libro, Transformación productiva y equidad,  sostengo que los objetivos de la política macroeconómica no pueden ser excluyentes, como pretendió hacerlo la ley del Banco de la República que desarrolló la Constitución de 1991 al establecer como finalidad única la inflación.  En razón a que el sistema opera en desequilibrio, las prioridades varían con las condiciones internas y externas, y en el estado actual no pueden ser distintas a las de reducir el desempleo y revertir la reevaluación. La elevación de la tasa de interés es un exabrupto que tiene en vilo la independencia del Banco de la República y la consistencia de la política económica. 

 

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