Por: Salomón Kalmanovitz

El Parque de la Independencia no se respeta

ANTES DE MORIR EN 2007, ROGELIO Salmona elaboró un proyecto de sendero cultural para el centro de Bogotá que comunicaba el Museo de Arte Moderno con el Museo Nacional.

El sendero se extendía sobre un puente que cubría la calle 26, se adentraba en el Parque de la Independencia, respetando los árboles centenarios, sembrando plantas y nuevos árboles, para alcanzar el que fuera un panóptico, convertido en Museo de la Nación.

El Colegio Mayor de Cundinamarca, que estrecha por el norte al Museo Nacional, debía ceder los espacios que detenta para ampliar sus exposiciones, logrando así integrar un gran espacio cultural de uso peatonal, sombreado por árboles, demarcado por plantas ornamentales y provisto de concha acústica, restaurantes y cafés. Sin embargo, el Colegio Mayor se ha resistido al interés más elevado de la ciudad y no se sabe a la fecha si, en efecto, abandonará esos predios.

El Distrito desechó el proyecto de Salmona y se dispone a tumbar 60 árboles y trasladar otros 84, fuera de las 14 palmas de cera y cauchos ya destruidos, dejando pelado el lugar y asfixiando uno de los pocos pulmones de vegetación que le quedan a Bogotá, que contienen el agua y generan oxígeno. Tumban a la vez el quiosco de la luz que es un pequeño y bello edificio construido en 1910.

El ejecutor de la obra es Odinsa, la constructora del exministro Luis Fernando Jaramillo, una de las más beneficiadas de la pasada administración y que tiene a su cargo, entre otros, la remodelación del aeropuerto Eldorado y de la fase III de Transmilenio, lo que va de la avenida tercera a empalmar con el otro portento de obra de los Nule, las que debieron estar terminadas hace tiempos. Los trabajos que se adelantan en el aeropuerto no son precisamente los que necesita Bogotá —tercera pista, gran terminal, tecnología moderna de aeronavegación— sino maquillajes que terminan enriqueciendo a sus contratistas con sucesivos reajustes y demandas por recursos públicos adicionales. Curiosamente, Odinsa declara una dirección en Bogotá que es un lote baldío o sea que se trata de una empresa que tiene mucho que ocultar.

Ernesto Lleras, presidente de la Asociación de Vecinos del Bosque Izquierdo, interpuso una acción popular contra el proyecto mencionando a Odinsa y a las entidades distritales para evitar que el parque se remodele según los diseños actuales, como lo informara La Silla Vacía. “El carácter estético y ambiental del parque sería imposible de recrear en menos de 100 años y varias subespecies de flora y fauna se perderían si el proyecto sigue como está planteado”, dijo Lleras.

Uno esperaría que los funcionarios del Distrito Capital y sus contratistas al menos respetaran el legado histórico y que no destruyeran uno de los pocos espacios verdes que le quedan a Bogotá. También que contaran con un sentido estético para entregar obras bellas, que conciten serenidad y el goce de la ciudadanía.

Mas no: se trata de una administración distrital sumida en el caos y el cruce entre instituciones que le cedieron el diseño y ejecución al contratista voraz que se apresta a pavimentar y a destruir el legado medioambiental e histórico que representa el Parque de la Independencia. Todo lo cual nos recuerda a un alcalde que manifestó en el pasado síntomas agudos de arborofobia, pero que hoy se pretende verde.

Cuña: columnas anteriores y artículos de historia míos los encuentran en http://www.salomonkalmanovitz.com

 

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