Por: Mario Fernando Prado

¿No al batallón?

CURIOSA O MEJOR SOSPECHOSA, LA actitud de los indígenas del Cauca al rechazar el tantas veces anunciado y por demás necesario Batallón de Alta Montaña que se instalará en Tacueyó.

Los argumentos de las comunidades indígenas son, más que simples, de una miopía que raya en la ingenuidad. “Eso nos trae más problemas porque son más armas, más guerra. Vamos a poner más muertos”, ha dicho el vocero del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

En su defecto, los cabildos proponen hacer control de la zona para vigilar a quienes entran y salen de estos territorios rechazando a todos los actores armados y con el anuncio que van a ir por todos los jóvenes que se les ha llevado la guerrilla.

Y es que ojalá así fuera, pero todos sabemos que es un imposible. A la guerrilla, por las buenas, nada ni nadie la detiene y repito, bien extraño que los indígenas traten de que les crean semejante deseo, lo cual deja entrever que ellos sienten que su territorio es soberano y que tienen sus propios medios para enfrentar el conflicto.

Pero, ¿cómo? ¿A punta de dialéctica o con flechas y cerbatanas? La guerrilla no respeta. ¿No será entonces que pueden existir pactos entre unos y otros para sacar de esas tierras al Ejército y Policía y consolidar allí un Estado dentro de otro?

Por ello entonces la negativa a la instalación del Batallón de Alta Montaña en Tacueyó: porque guerrilla y cabildos saben que las cosas serán a otro precio y se develarán muchas alianzas, pactos de convivencia y negocios derivados, como no, de los cultivos, el procesamiento y el transporte de coca y amapola.

¿Se mareará el Ejército con la instalación del Batallón? Cordones humanos para evitar su llegada es la amenaza indigenista. ¿En qué parará el asunto?

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