Por: Reinaldo Spitaletta

Que vivan los estudiantes

El símbolo de las luchas estudiantiles de hace cuarenta años era un muchacho en posición guerrera, a punto de lanzar un coctel molotov contra la policía.

Ahora, los símbolos de las manifestaciones contra la reforma a la Ley 30 abundan y poco tienen que ver con actitudes violentas. Pero sí efectivas. Uno de ellos, una muchacha, quizá no tan bella como la chilena Camila Vallejo, con un cartelito en sus manos que, con una flecha y una leyenda, señala a un grupo de policías antimotines: “ellos también querían estudiar”.

Jóvenes que reparten flores a los policías. O los besan. Muchachas que van marchando con sus senos recientes al aire. Caras maquilladas. Pintores universitarios que  estampan corazoncitos de colores en los escudos de aquellos a los que antes se les recibía con coros como “policías y reclutas son los hijos de las putas”. La multitudinaria resistencia pacífica de los estudiantes colombianos a la intentona del gobierno de Santos de reformar la educación pública, ha dado resultados.

Los abrazatones y besotones, la música, la teatralidad, los “happenings”, las comparsas y otras expresiones de arte y de política de la civilidad, la claridad de los objetivos y la expresión contestataria de miles de estudiantes ha dado frutos y puesto en jaque al gobierno. Desde marzo pasado, cuando se dio a conocer el contenido de la reforma, el estudiantado se opuso a lo lesivo de la misma, como era (y es), por ejemplo, la creación de universidades con ánimo de lucro, el privilegiar las tecnologías y aumentar el costo de los créditos educativos.

El movimiento estudiantil creció y a él se sumaron sectores populares, además de padres de familia, maestros y trabajadores. Los mismos estudiantes lograron neutralizar focos violentos y, por eso, en las marchas se cambió el decorado. Todo ligado al análisis de los puntos de la reforma, al modo antidemocrático como fue redactada y presentada por el gobierno y a la manera torpe como la ministra de Educación quiso imponer sus puntos de vista. Además, los educados le dieron un mentís a Santos, que proponía al Congreso como único escenario de discusión de la reforma.

Los estudiantes colombianos volvieron a ser dueños de la utopía y protagonistas de su propia historia. Se han opuesto a barbaridades como aquellas que plantean que la calidad de la educación superior debe ser sacrificada para darle paso a la producción seriada de profesionales robotizados; han exigido la financiación adecuada de la universidad pública y examinado cómo la educación se afectará negativamente con el Tratado de Libre Comercio.

La contundencia de sus planteamientos, ha hecho retroceder al gobierno en sus propósitos. La Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) logró hasta ahora materializar, como ella dice, el espíritu colectivo de unidad del estudiantado y movilizarlo en pos de alcanzar  “una nueva educación”. La lucha, según ellos, persiste e irá hasta cuando el gobierno no sólo retire la reforma sino que dé garantías a la comunidad universitaria para participar en la construcción de una reforma educativa democrática y acorde con “las reales exigencias de la nación colombiana”.

Las manifestaciones estudiantiles también dieron al traste con las babosadas de un políticastro que funge de periodista (el mismo que quería ponerle una bomba a una escultura de Arenas Betancourt en Manizales), que llamó al gobierno a que reprimiera las marchas y dotara a la policía de armamento moderno (como pistolas eléctricas) para el efecto. Un animal.

Tal vez la clásica canción de Violeta Parra, la de que a los estudiantes no les asustan las balas ni el ladrar de la jauría, esté cambiando. Porque hoy, en Colombia, los universitarios pretenden que la jauría no ladre ni les dispare. Por eso, llevan claveles y rosas, por eso besan a los policías, por eso las muchachas van con sus bellezas al desnudo para convocar a todos a la lucha. Nuevos lenguajes con contenidos contestatarios y de profundas reinvindicaciones democráticas promueve esta muchachada. Y Violeta tiene razón: son el jardín de las alegrías. ¡Que vivan los estudiantes!

311155

2011-11-14T21:00:02-05:00

column

2013-07-26T09:45:28-05:00

none

Que vivan los estudiantes

25

4332

4357

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

Majaderías oficiales y otras desgracias

Terremoto antineoliberal

Reflujo de la extrema derecha

Un cura de la Noviolencia

FMI y protesta social