Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Ingeniería de papel

La primera vez que viajé a Bogotá desde mi natal Buga, lo hice por tierra en un pesado bus de Flota Magdalena, que tardó en llegar 10 penosas horas, porque obviamente entonces también el cruce de la Línea estaba con los problemas de siempre.

Desde entonces han pasado más de 30 años, sin que el paso por esa cordillera se haya mejorado, pues, por el contrario, cada día es más difícil, y sin embargo aquí nos quieren convencer de que somos una nación civilizada, moderna, llena de tecnología.

Y entonces es allí donde hay que concluir que no tenemos infraestructura y, lo que duele decir pero es una realidad, la ingeniería criolla es un fracaso colosal. Las múltiples imágenes que los noticieros de televisión nos han mostrado por estos días, son sencillamente estremecedoras: no hay por dónde transitar seguro.

Claro que el país es montañoso, también que tiene que enfrentar inviernos duros, pero nada de eso excusa la responsabilidad de las firmas de ingeniería que llevan años recibiendo jugosos contratos del Estado, mientras las vías siguen deterioradas en todos los terrenos. El problema no está solamente en la Línea, sino en la carreteras que comunican a Bogotá con Manizales, Medellín y Chía; entre Barrancabermeja y Bucaramanga; el norte del Atlántico con el 40% de sus caminos inhabilitados por el invierno; la misma tragedia se ha presentado entre Gamarra y Aguachica, en Mahates y el sur de Bolívar, y hasta en la carretera de la cordialidad que comunica a Barranquilla con Cartagena.

Lo que ha pasado en las inmediaciones de Bogotá es sencillamente alucinante. Han pasado ocho largos meses desde el último invierno, cuando también vimos sepultadas propiedades y autopistas, y en ese lapso no se adoptaron los correctivos que nos anunciaron. Tal parece que en ese tiempo lo único que se hizo fue un jarillón mediocre, pues ya otra vez la sabana de Bogotá está en peligro y sitiada de agua por todos los lados.

Las firmas de ingeniería en estos tiempos en vez de contar con ingenieros capaces y dedicados, están más preocupadas de crear ejércitos de abogados que los defiendan de sus incumplimientos y que los saquen avantes en los voraces tribunales de arbitramento con los que suelen esquilmar al Estado, gracias a la complicidad de árbitros muy generosos con los particulares pero indolentes con las arcas públicas.

He allí el drama de la contratación de grandes obras públicas. Muy pocos ingenieros haciendo lo suyo, y en cambio una nómina de juristas destacados que desde la preparación de las licitaciones que presentan sus clientes, están montando los cuantiosos litigios que después terminan ganando, sin que haya dolientes.

Si la ingeniería nacional no fue capaz, entonces que vengan otra vez las firmas extranjeras, a ver si somos capaces de construir túneles y vías seguras, como en Europa o Estados Unidos. Claro, de antemano sabemos que esas empresas foráneas vienen pregonando una supuesta cooperación internacional, que a la hora de la verdad se traduce en que no dejan un solo centavo sin cobrar ni un pleito sin promover, pero al menos quedan las vías. Con las empresas nacionales pasa igual, sólo que ni siquiera nos quedan vías.

Por supuesto que esto también es la consecuencia del pésimo ministerio de Andrés Uriel Gallego, ocho años perdidos en los que nada hizo ese gobierno nefasto por la infraestructura criolla. Pobre el nuevo ministro, Germán Cardona, bien intencionado, competente y sincero, tal vez el único que ha entendido el drama, pues los demás funcionarios, incluyendo a la oportunista Procuraduría, tampoco se preocuparon por enmendar a tiempo este gigantesco descalabro.

Adenda. Flavio Eduardo Buitrago Delgadillo, el temido general de la Policía, exjefe de seguridad de la “Casa de Nari” en el gobierno anterior, ¿nuevo director del Gaula? ¡Qué miedo!

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