Por: Eduardo Sarmiento

Desbalances cambiarios y laborales

El año pasado arrancó la inestabilidad bursátil y cambiaria. La tasa de cambio ha caído 4% en lo corrido del año y las acciones subieron en una cifra similar. Al país le sucede igual que a otras naciones latinoamericanas que han perdido el control cambiario, unas veces por omisión y otras veces por dejar su determinación en el mercado.

La verdad es que la economía colombiana opera dentro de la burbuja de la inversión extranjera impulsada por la tasa de interés en Estados Unidos. Se ha configurado un proceso de revaluación y valorización de acciones que genera una entrada de divisas que se autorrefuerza. El Banco de la República brilla por su ausencia. La entrada masiva de capitales provoca revaluación y las acciones para evitarla aumentan la emisión y el crédito y presionan el alza del precio de la vivienda. Así, el país se encuentra entre la revaluación y la explosión del crédito, y en ambos casos se presenta un disparo de las importaciones que desplazan la producción doméstica. El intento de regular el proceso se autoderrota. El alza de la tasa de interés induce más entradas de capitales y la baja acentúa las burbujas y la explosión del crédito.

Esta realidad no ha sido sopesada por las autoridades económicas. El país le ha apostado a la revaluación, a la inversión extranjera y a la minería. El expediente no suministra adecuado empleo ni estabilidad. La mayor parte del consumo agrícola e industrial proviene del exterior. El empleo nacional se reduce a la minería, el sector que genera menos ocupación, y los servicios que lo hacen primordialmente en la informalidad. Adicionalmente, la apreciación del tipo de cambio, al abaratar los bienes de capital y las materias primas, propicia la sustitución de mano de obra por importaciones. Por eso, el país opera con las tasas de desempleo e informalidad más altas de la región.

Por otra parte, no obstante el enorme crecimiento de los ingresos de exportaciones, los egresos por el desbordamiento de las importaciones y la repatriación de capitales los superan con creces. En el presente año el déficit en cuenta corriente ascenderá a US$12.000 millones (5% del PIB), que constituye el desbalance más grande del mundo, superior al de Estados Unidos. La estructura es especialmente vulnerable frente a la incertidumbre mundial. Los ingresos de divisas están representados por alzas sin precedentes de los productos básicos, y el agravamiento de la crisis mundial podría significar una caída que elevaría el déficit en cuenta corriente a niveles nunca antes imaginables.

La experiencia de América Latina y ahora de los países desarrollados muestra que las revaluaciones y el déficit creciente en cuenta corriente no son sostenibles. Cuando se enfrentan a situaciones anormales o imprevistas se ven abocados a elevados endeudamientos y fuertes contracciones de demanda, que no pueden ser enfrentadas con las políticas convencionales.

En síntesis, el modelo vigente ha contribuido a moderar la inflación y propiciar altas tasas de crecimientos temporales, a cambio de desequilibrios laborales y cambiarios, que tienen serias secuelas en la equidad y en el desarrollo económico de largo plazo. Quiérase o no, se plantea un modelo alternativo que debe empezar por la reforma de la organización cambiaria y comercial.

El mecanismo de comprar dólares para sostener el tipo de cambio y elevar la tasa de interés se agotó. Se requiere una intervención en el mercado cambiario más decidida y en la entrada de capitales para detener la revaluación y evitar el desmantelamiento en la industria y la agricultura. Hay que aumentar la compra de divisas, establecer impuestos o depósitos a los ingresos de todas las fuentes de inversión extrajera y bajar la tasa de interés.

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2012-01-15T01:00:00-05:00

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Desbalances cambiarios y laborales

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