Por: Felipe Zuleta Lleras

Los vampiros de la muerte

No suelo escribir dos semanas seguidas sobre el mismo asunto, pero, si los lectores me lo permiten, hoy me voy a conceder esa licencia.

Considero que el tema de consentir o no los toros no se puede abandonar de buenas a primeras, porque el debate debe darse de manera civilizada. Claro, eso a veces es pedir mucho, pues por cuenta de mi escrito hace una semana un par de foristas piden que me maten. Tal vez esos foristas son los que gozan viendo sangre derramada, la de sus conciudadanos o la de los toros, pues a ellos lo que realmente los atrae es la sangre, sangre que disfrutan como vampiros del grotesco y triste espectáculo de ver caer un toro cobardemente inducido a la muerte bajo la mirada cómplice de quienes asisten al espectáculo para que los miren como a las reinas en una pasarela. ¡Sí, una pasarela de muerte y dolor!

Quienes nos oponemos a los toros lo hacemos por razones humanitarias, así se nos diga que a los animales no se les puede aplicar este término. Pues en sociedades civilizadas, como la canadiense, utilizan este término para referirse a los actos de barbarie en contra de los animales. Es decir que ni nos inventamos el concepto, ni lo utilizamos indebidamente.

Los toros, o la llamada fiesta brava, desconocen los elementales principios del respeto por la naturaleza, pero, sobre todo, las nociones del buen decoro. No porque los toreros se engalanen, las trompetas repiqueteen, los caballos se acicalen y los banderilleros se paseen, estamos en frente de una gran fiesta. O tal vez sí, una gran fiesta bañada de atormentados gemidos, ferocidad sin límites y pesadumbre.

Por eso celebro que el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, haya dicho el viernes que no asistirá a la temporada de Bogotá por considerar que ésta es una actividad cruel. Yo le propongo al alcalde que vaya más allá. En sus manos está, dentro del marco de la ley, convocar a una consulta popular para que sean los habitantes de la ciudad los que decidamos si se pueden seguir haciendo, o no, corridas de toros en Bogotá. Es un mecanismo expedito y además sería la primera vez que se utiliza esta herramienta democrática para que los bogotanos digamos SÍ o NO. El alcalde ha hablado de participación ciudadana y de Bogotá Humana Ya. Pues entonces que proceda a convocarnos a una consulta, que, estoy seguro, sacaría mayoritariamente un NO.

Desde ya, pese a las dificultades y a las amenazas, me ofrezco como voluntario para promover en la medida de lo posible esa consulta popular, pues no puede ser que, por el dantesco gusto de unos pocos que asisten a la plaza, los demás que nos oponemos no podamos pronunciarnos mayoritariamente en contra de las dominicales masacres de la temporada.

¡Anímese alcalde, lo apoyamos!

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Notícula. Qué tal el exministro Fernando Londoño dando clases de moral pública y ética en su programa de radio. Como le dijo Gustavo Gómez de Caracol, él ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Twitter @Fzuletalleras

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Los vampiros de la muerte

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