Sí a mi vida por una generación consciente

hace 1 hora
Por: Reinaldo Spitaletta

Orinaré sobre tu cadáver

En la década del sesenta las juventudes norteamericanas alzaron su voz contra los desafueros del gobierno en la invasión a Vietnam. Hasta Cassius Clay declaró que no iría a combatir a ningún vietcong, que él los consideraba sus hermanos. Hoy, frente a la barbarie gringa en Irak y Afganistán, el pueblo estadounidense parece adormecido y, dada la alienación ejercida a través de los medios de comunicación, considera correcto que su soldadesca haya causado decenas de miles de muertos en esos países.

El que, por ejemplo, unos militares norteamericanos se orinen sobre cadáveres de afganos se ve como una celebración, o como un triunfo de la democracia. Al fin de cuentas, ellos son gentes del país de la libertad, del mismo que ha sido capaz (eso creen muchos) de llevar la civilización y la democracia a esas tierras de desorden y tiranías. Si esos “héroes” que se desplazaron a Irak a acabar con un demonio torturaban en la cárcel de Abu Ghraib, era como un ejercicio “civilizatorio”; qué más pueden hacer con esos infieles, terroristas, parte de lo que el gran prócer Bush llamó el Eje del Mal, etc.

Las políticas de agresión de Washington tienen sin cuidado a los norteamericanos y mantienen a la opinión pública del imperio indiferente ante la carnicería que han ejecutado por ejemplo en Irak y Afganistán. El 14 de diciembre pasado, el presidente Obama (ah, Premio Nobel de la Paz) homenajeó en un discurso a los soldados norteamericanos muertos en Irak (unos 4.500) sin referirse para nada a los miles de muertos civiles y militares iraquíes causados por la invasión.

Se recuerda que esa operación, fundamentada en mentiras, nada tuvo que ver con la supuesta presencia de armas de destrucción masiva del ex aliado gringo Saddam Hussein ni con conexiones suyas con otra hechura de los norteamericanos, el extinto Osama bin Laden. Era simplemente una maniobra imperialista con miras a controlar el petróleo y mantener una presencia amenazante gringa en la región. El caso es que la agresión no sólo destruyó monumentos históricos y patrimonios culturales de la humanidad, sino que causó decenas de millares de víctimas, desplazamiento, devastaciones y atropellos sin cuento contra la población civil. ¿Y esto fue evocado acaso por Obama? Él es parte de la estructura imperial y ni más faltaba que se fuera a condoler por unos muerticos más.

John Tirman, director del Centro de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico de Massachusetts publicó recientemente un artículo en el Washington Post, en el que, entre otros asuntos, recuerda que las principales guerras que Estados Unidos libró desde la Segunda Guerra produjeron una “colosal carnicería”. En Corea, Camboya, Laos, Vietnam, Irak y Afganistán el número de muertos es de más de seis millones. Y eso sin contar las intervenciones en el Cono Sur de América, en Panamá, Grenada, Guatemala, Nicaragua, El Salvador…, que arrojaron desaparecidos, golpes de estado, dictaduras militares, asesinato de mandatarios, etc.

Sin embargo, la mayoría de gente en Estados Unidos parece anestesiada frente al dolor y tragedia de las víctimas del imperialismo. Para ellos seguramente se constituye en el precio que hay que pagar para acceder a la libertad y la democracia. No se trata de monstruosidades o de genocidios. No. Sólo de una acción libertadora. El mismo Tirman sostiene que toda esa “carnicería” y “daños colaterales”, todas las tropelías de su país en otras naciones socavan “la credibilidad de Washington cuando pretende erigirse como campeón de los derechos humanos”. Y la indiferencia de los norteamericanos frente a esa historia de agresiones contribuye a mantener la impunidad de la Casa Blanca y el régimen.

Crímenes de lesa humanidad son los cometidos por Estados Unidos en su aventura imperialista. Saben cómo camuflar las operaciones y calificarlas de actos de democracia y a cada agresión la caracterizan como parte de un ejercicio de llevar la libertad a otros lugares. Para eso fueron elegidos por la divinidad (destino manifiesto). Así que se tengan fino Irán y Venezuela (ah, verdad que son ricos en petróleo), porque pueden ir por ellos. O por sus líderes.

Mientras tanto, orinemos sobre los cadáveres de nuestros enemigos. Son terroristas. Son infieles. No merecen nuestro respeto ni ser parte de una memoria. Dios es norteamericano. Y con eso basta.

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2012-01-16T23:00:00-05:00

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