Colombia clasificó a cuartos de final de la Copa América

hace 6 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El póker con Angelino

Si finalmente Angelino Garzón consigue que lo nombren director de la OIT en Ginebra, lo que ojalá no ocurra, ¿quién será el beneficiado? Hay cuatro opciones para escoger solamente una: Colombia, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el propio vicepresidente o Juan Manuel Santos.

Que su vicepresidente llegue a tan alto cargo no creo que al final de las cuentas termine favoreciendo a Colombia. Sí, seguramente será muy honroso que haya un compatriota en ese cargo, pero los problemas del país en materia laboral son muy grandes como para que queden superados por designar a uno de sus hijos en la burocracia internacional. Por el contrario, creo que la circunstancia de que Garzón se vuelva un hombre del mundo atraerá más la atención y la curiosidad del resto de naciones y de los medios del planeta, a quienes no dejará de parecerles paradójico que mientras nuestro vicepresidente gobierna la entidad más importante en materia de derechos labores, en su propio terruño no se reducen las cifras de los sindicalistas asesinados. En otras palabras, Garzón en la OIT hará mucho más visibles las terribles contradicciones de esta democracia que en su Constitución reconoce los derechos laborales, incluida la huelga, pero en la vida diaria no controla los crímenes contra los sindicalizados.

La OIT es tal vez la que menos beneficios reportaría si a sus miembros se les ocurre que la llegada de Angelino va a ser un éxito para la organización. Una cosa es que Garzón haya conseguido que aquí le perdonen o soporten sus excesos cuando ha sido funcionario, y otra cosa diferente es que ese estilito bonachón pero clientelista le garantice buenos resultados en Ginebra. La OIT terminará asumiendo como propios y rutinarios los asesinatos de sindicalistas en Colombia y los reiterados atropellos laborales y eso generará más que incomodidad entre esos diplomáticos acostumbrados a otras temperaturas.

Y el propio interesado en que lo nombren en Ginebra tiene que estar consciente de que después de cinco años de ausencia del país, regresará desconectado del mundo de la política, donde, como dice Serpa, “todos los amigos son falsos y los enemigos verdaderos”. La OIT no es la Vicepresidencia y allá no podrá nombrar a Orlando Riascos, ni a los amigotes que hizo contratar en la Comisión Nacional de Reparación, ni tendrá nómina que prodigar. Así se las ingenie para que lo entrevisten a hablar de lo divino y lo humano, el paso del tiempo irá marchitando la colosal ambición de este vicepresidente que también le jala a las mentiritas piadosas, como la de ufanarse de haber nacido en Buga siendo oriundo de Cerrito.

El presidente Juan Manuel Santos, sin duda, será el único beneficiado. Sacar a Angelino significa no volverlo a oír hablando de cuanta cosa se le ocurre, haciéndole soterrada oposición a sus ministros y aprovechándose mediáticamente de sus imposturas demagógicas. Sin su segundo el actual mandatario tiene un problema menos a la hora de definir si insiste en su reelección, porque de presentar de nuevo su nombre puede conformar su fórmula presidencial con alguien que genere menos ruido y sea leal. Aun si Santos no aspirase a reelegirse —que no creo— la ida de quien como Angelino se siente candidato presidencial, aliviaría una pesada carga de la próxima campaña.

En fin, Santos, que tiene fama de ser jugador habilidoso, sabe que muchas tempestades se evitaría si su incómoda sombra viaja a Suiza. Tal vez por eso en los últimos días exageró, tanto que llegó a decir que no apoyar a Angelino es no querer la patria.

Adenda. Muerto Jaime Angulo Bossa, desaparece uno de los más fervientes y leales liberales, conocedor como pocos de la historia del país. Hace unos meses tuve oportunidad de oírle una documentada disertación sobre la famosa operación K, célebre en el gobierno de Laureano Gómez, hoy olvidada hasta por su principal protagonista, Enrique Gómez Hurtado. Paz en la tumba del gran patricio liberal cartagenero.

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