Por: Lisandro Duque Naranjo

"Esas personas…"

Siendo tan adornado el trato del Gobierno con sus soldados y policías, a los que no rebaja de “héroes”, causó extrañeza que, refiriéndose a los 11 de ellos que aún están secuestrados, el ministro de Defensa hubiera dicho esta semana que “el Gobierno puede traer a “esas personas” sanas y salvas a sus hogares. Basta que nos digan dónde están”. No me extraña del atlético funcionario esa fría alusión a sus hombres caídos en desgracia. Los fisicoculturistas que van más al gimnasio y a la peluquería que a la biblioteca, no se caracterizan propiamente por la sutileza.

La negligencia del mindefensa frente a los penúltimos soldados que aún quedan en poder de las Farc demuestra que entre menos rehenes falten para obtener la libertad, el Gobierno complica más los trámites, como si prolongando su cautiverio le fueran más útiles. Y como las Farc no se pillan esa astucia, nada que se deciden a devolverlos a todos de una vez.

Por si fuera poco, en los cuarteles, la oficialidad y la tropa estigmatizan a los uniformados que se han reintegrado a las filas luego de una devolución unilateral. Tanto, que algunos han renunciado a la institución para que no se las sigan montando, pues los tratan como si fueran “guerrillos”. Debiera haber una ley que los pusiera a salvo de esa doble victimización. Ya es suficiente que sus superiores se pongan tan rogados cuando se presenta la oportunidad de facilitarles la salida de esa larga penuria.

Así como el general Grant decía que “el único indio bueno es el indio muerto”, los generales de aquí, y casi el regimiento entero, piensan que el único militar secuestrado digno de ser libre es el que se escapa o el que es rescatado. De allí el desgano con que actúan frente a la posibilidad de recibírselos por las buenas a sus captores. Bastante tarde, por supuesto, motivo por el que debieran ser más solidarios con ellos.

El problema con los que aún restan, es que son soldados muy devaluados para la patriótica opinión. La abnegada Marleny Orjuela, vocera de Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP), ante la negativa del Gobierno de aceptar helicópteros de un país amigo, y frente al hecho de que las Farc no admiten helicópteros del Ejército colombiano (a los que además no pueden subirse los miembros de la Cruz Roja Internacional), propuso, para facilitar las cosas, que “entonces dos de esos aparatos sean financiados por empresarios nacionales”, a lo que el dirigente gremial Javier Díaz, presidente de Analdex, dijo: “No veo cuál es el valor agregado que puedan dar los empresarios”. Qué terminología tan impropia esa. Se le abona al doctor Tulio Zuluaga, de Asopartes, que hubiera sido receptivo al llamado.

Aportando una iniciativa realmente ingeniosa, un reportero de Caracol le dijo a uno de los miembros de CCP que “por qué, para que no haya show mediático, no se les dice a las Farc que le entreguen de a cincuenta mil pesos a cada secuestrado, para que viajen todos a Bogotá en bus”. Ese periodista tan bueno para la geografía y las finanzas bien puede llegar a ser ministro de Defensa. Sólo se pifió en dos mil pesos per cápita que deberían encimar los de las Farc, para lo del Transmilenio, que ya los de CCP se las arreglarán para hacerles llegar a los secuestrados las coordenadas sobre dónde quedan las estaciones y las terminales, en vista de que a todos ellos se los llevaron antes de que se inaugurara ese sistema.

Sobra contar que al pobre periodista le cascaron sus colegas, por sapo, en vista de que lo del “show mediático” les importa es a ellos, pues que sepa las Farc nunca mandan invitaciones a la prensa para esas entregas, a diferencia del Gobierno que cuando se trata de desenlaces tipo ‘Operación Jaque’, con rescatados glamurosos estilo Íngrid y los americanos, tira la casa por la ventana y pone más camarógrafos que en un mundial de fútbol. No, los 11 soldaditos que aún faltan no dan para televisión.

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