Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El pedigüeño

El presidente Santos y los magistrados a los que el procurador confesó haberles pedido ayuda para su reelección, en aras de la “urna de cristal” deberían informarle al país qué le respondieron al arrojado aspirante, quien de paso les creó una incomodidad política y personal.

Los colombianos tenemos derecho a saberlo, porque si es sorprendente que Ordóñez se haya autolanzado, más todavía es el olvido de quienes creen que el único problema de este intolerante es su actitud camandulera, porque ingenuamente se tragaron el cuento de que ha combatido con fiereza la corrupció

Cuando el procurador ha destituido peces gordos, lo ha hecho con la mirada puesta en la política. Ya nadie recuerda que en pleno reinado del expresidente Uribe recibió un proyecto de fallo sancionatorio contra Sabas Pretelt, que cercenó para absolverlo, pero una vez ido del poder el exmandatario sí vio lo que antes sus cálculos no le dejaron ver. Lo mismo ocurrió con el exministro Diego Palacios, también groseramente exonerado por el suceso del cohecho con Yidis Medina, cuando aquí no se respiraba sino uribismo. Igual aconteció con el “curita” César Mauricio Velásquez, absuelto sin convencer, para que pudiera irse a recibir las bendiciones papales. Extraña forma de administrar justicia: mientras se está en el poder todos son inocentes a pesar de las pesadas evidencias en su contra.

Las prevaricadoras exoneraciones o sanciones livianas impuestas por Ordóñez también han premiado a sus amigos conservadores. ¿Qué ha pasado con las investigaciones contra el expresidente del conservatismo, José Darío Salazar? ¿Y qué sucede con las otras indagaciones contra otros copartidarios goditos? A propósito, que el conservatismo apoye a Ordóñez no es raro, pero que Simón Gaviria en nombre del Partido Liberal se vaya de bruces aplaudiéndolo, es una ofensa a la colectividad del libre examen y la tolerancia. El joven delfín debería tener claro que lo nombraron jefe del partido, no dueño.

También se ha perdido en la memoria colectiva que ese procurador fue el mismo que en el proceso ante la Corte Constitucional no encontró un solo vicio a la tramposa ley del referendo con la que el uribismo pretendía perpetuarse en el poder. Por eso su concepto fue ignorado en el histórico fallo.

Valdría la pena que se supiera por qué la doctora Ana María Silva, una de sus más cercanas subalternas, quien despacha en una oficina contigua de la de Ordóñez, recibe a diario la romería de parlamentarios. ¿A qué van con tanta frecuencia los congresistas al despacho de quien los investiga disciplinariamente, el mismo que podrían reelegir?

Pero el río revuelto de esa corruptela silenciosa es mucho más denso. Recientemente la contralora ha iniciado una investigación contra el Consejo de la Judicatura por el carrusel de las pensiones que ha tenido mucho ruido, pero le pregunto: ¿por qué no manda también sus investigadores a la Procuraduría? Seguramente encontrarán que Ordóñez fue el autor de la circular 054 de 2010, con la cual impuso su criterio para que se reconozcan las pensiones con régimen especial. Sería bueno que la Contraloría estableciera lo que se comenta reiteradamente, acerca de que en la Procuraduría se han pensionado recientemente muchas personas en situaciones semejantes a las que hoy tienen sumida en el escándalo a la Judicatura, o se han nombrado otras que pronto tendrán su jugosa pensión, como el doctor José Gregorio Bautista y otros más, unos por amistad personal y otros por motivos políticos.

¿Ordóñez adalid contra la corrupción? De dientes para afuera. No todo lo que brilla es oro.

Adenda. En el desfalco a la salud, ojo con el médico Javier Agudelo Valencia, camuflado uribista, maltratador y difamador de subalternas, vicepresidente actual de la nueva EPS, quien como mano derecha de Carlos Palacino en Saludcoop tiene mucho que contar y explicar a la Contraloría que hoy lo investiga, entre otras cosas sobre sus propiedades en Villa Valeria, el Club del Comercio y otras más.

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2012-02-12T01:00:00-05:00

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2013-07-25T11:56:37-05:00

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