Por: Cecilia Orozco Tascón

El guerrillero oficial

De acuerdo con lo que se ha descubierto, en la era Uribe no sólo se ejecutaron “falsos positivos” con asesinados. Se montaron tantos éxitos incruentos irreales que fue necesario que el círculo presidencial se asociara con tenebrosos personajes para darles aparente consistencia.

Menciono algunos delincuentes que lograron tener roce, interlocución o atención palaciega, según lo indican los expedientes judiciales: Don Berna (extraditado) Job (asesinado), el Tuso Sierra (extraditado), Tasmania (detenido), Francisco Villalba (preso, liberado y asesinado); y Olivo Saldaña, entre otros. Este último es el campeón del artificio. Por eso, un columnista lo llamó guerrillero de utilería. Su historial debería registrarse en el libro del récord mundial de la mentira:

En 2004, siendo un subversivo de bajo rango, fue capturado cuando huía de las Farc con una fabulosa bolsa de dinero. En 2005 ya era jefe de frente. En 2006 ingresó, por gracia uribista, a la Ley de Justicia y Paz reservada para desmovilizados, y era “promotor de paz”. Gracias al “hombre con el que venimos trabajando”, como lo describió el general Mario Montoya, se obtuvo “el más duro golpe a la moral de las Farc” (en las palabras de Alfredo Rangel), es decir, la desmovilización de la supuesta compañía Cacica La Gaitana, que fue inventada por Saldaña con unos cuantos excompañeros suyos y con drogadictos y gente sin pan. Un avión que “entregó” el avivato junto con varias armas, también de utilería, había sido incautado por las autoridades tres años antes. Este Olivo Saldaña, que aparece en al menos tres montajes más, es el testigo de la honorabilidad del excomisionado Luis Carlos Restrepo. El profesional que ofició como abogado del mercachifle defiende, en sus ratos libres, la estadía de María del Pilar Hurtado en Panamá y, desde luego, la de Restrepo en el exterior. Tanto Saldaña como el abogado se han relacionado con José Obdulio Gaviria. Redondo es y gallina lo pone.

Derecho de petición al procurador. Asunto: carrusel de puestos oficiales.- El reeleccionista Alejandro Ordóñez, quien terminó usando las prácticas que él le criticó con tanta acidez a su antecesor, no ha cambiado de estrategia: repite, creyendo que todos somos menos perspicaces que él, el cuento de que sus críticos lo persiguen por sus ideas y su religión y no por sus actos. Para no caer en esa trampa ni en la discusión sobre si sus fallos son jurídicos o políticos —aunque disfrazados de legalidad—, le hago públicamente tres preguntas que está obligado a responder, tal cual se lo ordena la Constitución, que habla del derecho de petición: 1. ¿Cuántos y cuáles senadores que podrían votar por su reelección tienen parientes, excompañeros de campañas electorales, personas de su entorno o antiguos aliados políticos que sean o hayan sido funcionarios de la actual Procuraduría? 2. ¿Es cierto que su procurador para Asuntos Civiles, Édgar Sanabria Melo, fue elegido como miembro del desprestigiado Consejo de la Judicatura días después de que varios magistrados del Consejo de Estado, electores del doctor Sanabria —y a su vez los que podrían postularlo a usted para la reelección— lo visitaron, y que en esa reunión la aspiración de Sanabria fue el eje de la conversación? 3. ¿Es cierto que otra procuradora delegada suya, la exaspirante a la Fiscalía Margarita Cabello Blanco está a punto de ser magistrada de la Corte Suprema (o fue elegida anoche) con los votos de los togados de esa corporación que tienen nexos con usted, entre ellos el de su paisana la doctora Ruth Marina Díaz, quien, de otro lado, sostiene una gran amistad con el recién elegido Édgar Sanabria? Esperaré el tiempo que estipula la ley para recibir sus respuestas. Si no, escribiré sobre estos interrogantes y nadie podrá asegurar, entonces, que lo “persigo” por sus opiniones.

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El guerrillero oficial

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