Por: Aura Lucía Mera

Los Sin Título

No deja de llamarme la atención el escándalo y la rasgadura de vestiduras sobre el caso del falso siquiatra que logró, durante muchos años, ejercer su oficio, nada menos que en Medicina Legal.

Su único pecado fue no haber terminado estudios, pero a lo mejor sus años de práctica le dieron la experiencia y el criterio que muchos, con cien cartones colgados en las paredes de consultorios, no tienen.

¿Se puede tratar como un delincuente y poner en la picota al falso doctor? Lo dudo, o mejor dicho, no lo comparto. Este es un país en el que para llegar a ser HPP (me refiero a padres de la patria) no se necesita ni siquiera saber leer, mucho menos haber estudiado, y cosa impensable, ganado un magister o un doctorado. Basta mirarles las vestimentas, las caras, los andares y escucharles el “hablado” por la televisión. Su único mérito, en la mayoría de los casos, es haber obtenido los votos necesarios, con el apoyo de padrinos políticos non sanctos o dineros ídem. Constituyen, para espanto de muchos, el Poder Legislativo. Ni más ni menos. En sus manos y de acuerdo con las prebendas que les den, aprueban o mandan al saco del olvido propuestas y proyectos. Estamos en manos de los Sin Título en el Congreso.

Para gobernadores y alcaldes, concejales y representantes, lo mismo. Basta escuchar el discurso de Useche ‘El Breve’ el día de su posesión para confirmar que ni siquiera sabe leer de corrido. Juan Carlos Abadía, se dice que leía Condorito en su despacho de gobernador, mientras subía sus extremidades a la mesa. Un alcalde de Cali ni siquiera podía ver. Jamás supo dónde estaba. Obviamente ni qué hacía, pues su camarilla se concentró en saquear las arcas a su antojo. Y así sucede a lo largo y ancho de la geografía nacional. Para gobernar no se requiere ningún título. Sólo votos y mangualas. Punto.

En el caso de la Siquiatría es vergonzoso lo que sucede en Colombia. Con título, cantidad ingente de siquiatras manipulan a su antojo a sus pacientes, logrando una dependencia total y manteniéndolos dopados para seguir exprimiéndolos económicamente. Recuerdo que el doctor Álvaro Villar Gaviria, decano de siquiatras y hombre probo y vertical, me comentaba una tarde, con los ojos húmedos, la cantidad de abusos que se cometen en nombre de la “salud mental”. Afirmaba que en Colombia no existe ninguna legislación ni seguimiento para los siquiatras ni para las clínicas de “reposo” o “recuperación.

Este es un país de Sin Título, de falsos centros de recuperación de adictos, de legisladores analfabetos. A lo mejor, y lo digo de verdad, el “falso” siquiatra de Medicina Legal era mejor profesional que muchos de sus colegas titulados. Si se da inicio a una investigación seria sobre los méritos profesionales o académicos de los que nos gobiernan, nos “cuidan” o nos enseñan, nos llevaríamos más de una sorpresa. Paradójicamente los más estudiosos, los que más años han invertido en su profesión, son en muchas ocasiones los que más trabas tienen a la hora de ejercer.

Repito: No sé por qué tanta alharaca con el siquiatra legal. Si aquí lo que abundan son los Sin Título, en todas las ramas.

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