Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Producción y calentamiento global

La semana pasada estuve de nuevo en la Sierra Nevada del Cocuy.

Un campesino que habita en las faldas de la sierra nos decía con nostalgia: “El hielo se está retirando muy rápido. Hace cuarenta años se llegaba con los caballos hasta los 4.400 metros y uno tocaba la nieve ahí mismo, pero hoy hay que caminar dos o más horas más de para arriba para llegar al borde de nieve. Al pico Pan de Azúcar le pusieron así porque era como un pan totalmente rodeado de azúcar, ahora se le ven las rocas por todos lados por que el glaciar se ha ido reduciendo, tocará cambiarle de nombre. Pero lo malo no es sólo eso, sino que cultivar se ha vuelto más difícil. Antes sabíamos cuándo llovía y cuándo hacía verano. Había una época para sembrar papa, alverja y maíz, y uno sabía a qué atenerse; en los últimos años todo ha cambiado”.

Un amigo que viajaba con nosotros comentaba que, a su modo de ver, no era eso del calentamiento global, que había épocas en las que se enfriaba la tierra y crecían los glaciares y otras de calentamiento donde se reducían, que ya vendrán tiempos en los cuales se recuperarán los glaciares. Optimista nuestro amigo.

Los motivos de la contracción acelerada de los glaciares y del desorden en los ciclos y la intensidad de las lluvias son una suma de múltiples factores: uno global, asociado a los gases efecto invernadero que causan un calentamiento acelerado; otro local, relacionado con la deforestación alrededor de los picos nevados. La tala del bosque de niebla produce la pérdida de la llamada “lluvia horizontal” que aumenta la humedad local, ayuda a regular el clima y, en referencia a su impacto sobre los glaciares, absorbe parte del calor generado por la radiación solar; al no existir el bosque, la energía que podría ser absorbida por las nubes y la vegetación del bosque se devuelve a la atmósfera, aumentando localmente la temperatura. Otro factor, que de manera tímida refuerza los anteriores, es que estamos en una época geológica de calentamiento. El cambio climático exige que se tomen medidas de adaptación, pues ya no es posible confiar en los antiguos ciclos naturales de lluvias. Para asegurar la disponibilidad de agua, además de recuperar los reguladores hídricos naturales, es decir el bosque, son necesarias obras civiles, y esto exige una intervención gubernamental con criterio técnico y recursos financieros.

En Estados Unidos, Canadá y Rusia, los monocultivos se están expandiendo cada vez más hacia el norte y se adelantan investigaciones para ampliar o desplazar las áreas de cultivo, ajustar los momentos de siembra y regular artificialmente la oferta de agua para los cultivos. En las montañas tropicales ciertas actividades agropecuarias están migrando a pisos térmicos superiores. En Colombia, un caso evidente es el cultivo del café, que antes tenía como cota superior los 1.800 metros de altura, y ahora se está impulsando su cultivo por encima de los 2.000 metros. Se está investigando la movilidad del café en los pisos térmicos y los campesinos se están apropiando de la idea, pues los cafés de altura por ser más suaves tienen mejores precios.

Muchas cosas están cambiando: debemos tomar determinaciones para evitar acelerar el calentamiento global y simultáneamente buscar tecnología, planes y estrategias públicas y privadas para adaptar nuestra producción, negocios y formas de vida. La definición y ejecución de la agenda nacional de adaptación al cambio climático deben ser prioridad nacional.

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