Candidatos a la Alcaldía de Bogotá: ¿Qué proponen para proteger el medio ambiente?

hace 17 mins
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Cayó el telón del complot

Lograron por fin tumbar a la fiscal Viviane Morales, valiéndose de razones que no han logrado convencer al país y que por la precaria información hasta ahora difundida, a muchas personas nos ha dejado la sensación de que en el fallo, que por mayoría aprobó el Consejo de Estado, pesó más lo político.

Por supuesto, no está en duda el acatamiento de lo decidido, porque en un Estado de Derecho mal puede desconocerse tan preciosa regla de convivencia.

Ya veremos si el texto de la sentencia resulta menos inquietante que las justificaciones radiales que hemos conocido. Por lo pronto, sigue gravitando la duda mortal, de la que hablaba Racine, de que se decretó la ilegalidad de la interpretación que de su propio reglamento hizo la Corte Suprema de Justicia, sin que esa específica pretensión hubiese sido planteada en la demanda. Continúa también sin explicación plausible el por qué a la máxima autoridad de la jurisdicción contencioso administrativa le pareció que la confirmación del nombramiento de la fiscal, que hizo la Corte con la mayoría del número de votos legalmente requerido, no purgó los supuestos vicios de su elección, que en mi criterio jamás ocurrieron.

Hizo bien la fiscal en renunciar irrevocablemente después de esta cuestionada decisión que la puso en la calle, cuando su tarea empezaba a consolidarse en medio de la más feroz guerra mediática que funcionario alguno haya padecido, precisamente unos días antes de que se oigan las declaraciones de varios narcos que están presos en los Estados Unidos. Es curioso, además, que esta caída se hubiere acelerado en la antesala de la iniciación de procesos cruciales para el anterior gobierno. Qué malhadada coincidencia.

Y es muy preocupante que las dilaciones en varios procesos sensibles que denunció la fiscal en la rueda de prensa con la que se despidió de su empleo, se hayan venido presentando dentro de una especie de cronograma que debía culminar como terminó: sacando a la fiscal que estaba empeñada en que esos asuntos no durmieran el sueño de los injustos.

Así sus enemigos estén celebrando la audacia de haberla tumbado con artificios legales, van a tener que convivir con la paradoja de que lograron convertir los ataques contra la fiscal en un plebiscito a favor de su tarea.

Duro reto el que ha de enfrentar el Gobierno para llenar tan importante vacante, pues el país no entendería que ida la fiscal se marchitaran todos esos procesos que acosan a los alfiles del uribismo.

Santos tiene que integrar una terna de juristas independientes, no otra comisión de “expertos gobiernistas” como la que se conformó para la tan cacareada reforma de la justicia penal militar. Los ojos de la nación están atentos a ese paso que ha de dar el presidente, pero sobre todo también la comunidad internacional, que hoy sigue preguntándose cómo es que toda una fiscal general de la Nación tiene que irse de su cargo en este momento, además por la pequeñez jurídica que la derrumbó.

Hay quienes sostienen que a propósito de nombrar nuevo fiscal, se abre un escenario propicio para la reconciliación entre Santos y Uribe. La perversa solución consistiría en que el jefe de Estado le daría gusto al expresidente, entregándole la Fiscalía a uno de los suyos. Me resisto a creer que eso pueda estar siquiera siendo contemplado en el alto Gobierno, porque esa sería la peor ofensa a la decencia y a la institucionalidad.

Que coronaron, de eso no hay duda, pero tampoco de que la historia no olvidará esta penosa página, que tardará muchos años en doblarse.

Adenda. Buen arranque de José Pékerman como técnico de la selección de fútbol. Ojalá los inefables dirigentes deportivos le hagan caso y obren con prudencia. Que no se les ocurra endiosar a los jugadores, como en las épocas de Maturana y Bolillo Gómez.

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2012-03-04T01:00:00-05:00

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