Por: Alfredo Molano Bravo

De calado

Viéndolo bien, la cosa se pone cada vez más oscura. O negra, como diría Santos.

Hay ataques convergentes por todas partes nacidos en el purasangrismo uribista. Tres, los más graves y los que en el fondo pueden volver negro lo rojo: la caída de Viviane Morales de la Fiscalía muestra que no hay enemigo pequeño. El Espectador hurgó y se topó con el que falta por encausar: la eminencia gris del régimen de la seguridad democrática, José Obdulio Gaviria. Había que descabezar a la fiscal, porque lo que ella tenía entre manos era lo que Uribe trataba de parar pasando ternas y ternas inviables, como las calificaba la Corte Suprema. Parar también las falsas desmovilizaciones —que no fueron sólo las del farsante de Saldaña, sino las que señala Pastrana, porque las cuentas no dan—, el juicio al Agro Ingreso Seguro, las chuzadas del DAS, los políticos paramilitares. La jugada fue maestra: María Isabel Rueda sacaba a bailar a Carlos Lucio mientras Marco Antonio Velilla, resentido porque no lo dejó pasar la Corte, preparaba los argumentos en el Consejo de Estado. Faltaba el gancho ciego, y no bregaron mucho para encontrarlo: un estudiante, discípulo de un amigo de José Obdulio. No había podido ser cualquier otro Ferleyn.

Viviane tendría también en su agenda el caso de Agro Ingreso Seguro. En la cana tenía ya a tres de los altos funcionarios que desvirtuaron el programa para pagar campañas políticas: el ministro, sucesor de Uribe; el viceministro, otro gancho ciego, peligroso porque conoce todo el rollo, y el gerente de Incoder de la época, Rodolfo Campo Soto, llavería de los “notables” de Magdalena y Cesar. El desmonte y enviringada que le metió Viviane al uribismo no lo perdonan y la respuesta ha sido respaldar el desafuero militar y apuntarle a la Ley de Tierras. No es que yo defienda este intento, tengo grandes dudas, pero si por fin alguien logra echar para adelante, aunque sea un metro, la expropiación por vía administrativa, otro gallo cantaría. Es lo que temen y de lo que nadie está seguro. Contamos con las ganas que Santos le carga a la gloria. El ultimátum de los ‘Urabeños’ y la aparición de un grupo armado en Pelaya, Cesar —donde está la hacienda Bellacruz, de los Marulanda—, que dice estar dispuesto a volver a la motosierra si alguien desconoce el statu quo impuesto por el paramilitarismo, muestra que la cosa no es jugando. No sé si el comunicado que desde la clandestinidad lanzó Luis Carlos Restrepo tiene que ver con el andamiaje. Parecería ser la bandera de lucha. Uno podría pensar que de no estar en un consultorio siquiátrico, debería cuidarse más de quienes le prepararon el show y le confeccionaron la lista que de la justicia. Porque a esa otra justicia no la paran las fronteras.

El tema grande es y seguirá siendo la paz. Sus enemigos, ya no tan velados, son los mismos que están detrás de la caída de Viviane. Y la vinculan cuando la atacan con el cuento de que Lucio fue guerrillero, sin decir que Restrepo lo aceptó en Ralito. Una Fiscalía fuerte, como la que ella hacía, es necesaria para adelantar cualquier conversación con la guerrilla. Sacarla fue la primera carta jugada contra esa posibilidad. Jugada y, por ahora, ganada. Santos tendrá que sacar de la manga ahora un as de espadas. Porque las fuerzas que se oponen a la paz, que quieren seguir saboteándola como lo han hecho desde hace 50 años, son muy poderosas y están pertrechadas con armas oficiales y no oficiales. En ellas convergen todos los intereses vinculados a la guerra: el latifundismo, los parapolíticos, la gran minería legal y la ilegal, los altos empleados de la noche oscura y el excomisionado de Paz. Podríamos llegar a vivir días raros: un gobierno sin armas y unas armas sin gobierno. En tal condición ningún tratado de paz puede ser duradero ni echar raíces.

Nota: A un año y medio de cárcel y a un pago de 5.000 dólares fue condenado por el Tribunal de Cundinamarca el periodista Luis Agustín González por llamar “figurilla politiquera” a la exgobernadora de Cundinamarca Leonor Serrano. ¡Qué injuria, como si nadie la conociera! El delito de opinión se va convirtiendo en una amenaza permanene. El caso fallado debería ser el caballito de batalla a favor de la descriminalización de la opinión y la protesta contra la sentencia.

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2012-03-04T01:00:00-05:00

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