Por: Felipe Zuleta Lleras

La terna

Frente a la digna renuncia de Viviane Morales a la Fiscalía, nuevamente empieza una montaña rusa para la escogencia de quien ha de sucederla en el cargo.

Hay, sin embargo, varios hechos que debemos mencionar y que no dejan de ser raros. El primero nos recuerda que el Consejo de Estado en el año 2010 modificó su propio reglamento para hacer unos nombramientos, por consenso de las dos terceras partes de los asistentes a la sesión; es decir, lo mismo que hizo la Corte Suprema para la elección de la fiscal Morales. Y no pasa nada, acá todos se agachan, como si esta no fuera una conducta extraña.

Ahora la Corte Suprema dice que no es competente para decidir si el nuevo fiscal debe permanecer por un poco más de un año o por cuatro. Este asunto es clave pues de esta decisión depende la conformación de la terna, ya que no todo el mundo está dispuesto a asumir semejante responsabilidad por tan poco tiempo. Se barajan varios nombres, entre ellos el de la actual fiscal encargada, Martha Lucía Zamora, una abogada externadista, seria, honesta, trabajadora, liberal de alma y a quien nunca podrían chantajear. No me cabe la menor duda de que ella debería estar en la terna, en representación de las mujeres colombianas, así su nombre le produzca erisipela al expresidente Uribe, como se la producirá cualquier persona que no sea de sus entrañas, para que saque de los problemas judiciales a todos sus inmediatos colaboradores que se encuentran gravemente enredados.

Se menciona también al abogado penalista Fernando Ripoll Arboleda, un académico de prestigio, y quien fue, con lujo de detalles, magistrado de la sala penal de la Corte Suprema. Es además un procesalista como pocos, lo que le ha valido el respeto y reconocimiento en el país y en algunas universidades del exterior.

Me dicen que otro de los que están en el sonajero es el abogado Eduardo Montealegre. Fue magistrado de la Corte Constitucional, es profesor universitario, ha sido defensor del Estado en múltiples procesos y cuenta con la admiración y respeto de una gran mayoría de sus colegas, lo que en el mundo de los penalistas es realmente difícil.

De los tres es al único que conozco personalmente en el campo estrictamente profesional. Siempre es ponderado en sus conceptos y apreciaciones sobre los temas que se le plantean. Algunos dicen que no es conveniente que un abogado litigante llegue a la Fiscalía, con lo que no estoy totalmente de acuerdo, pues el sistema penal acusatorio es tan complejo y difícil de entender, que convendría que quien haya manejado esos códigos sea el que llegue a marcar las directrices, especialmente en un momento tan delicado en donde están procesados, gracias a la fiscal Morales, una serie de personajes de la vida nacional. Me inclino por ese nombre, aun cuando eso suena pretencioso, pues al final del día son el presidente Juan Manuel Santos y la Corte Suprema quienes tienen la última palabra.

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