Por: Eduardo Sarmiento

La dependencia minera

La dependencia de recursos naturales y la revaluación constituyeron los principales obstáculos para el desarrollo de las economías de América Latina. Las bonanzas pasajeras llevaron a los líderes a suponer que la globalización y las aperturas los habían superado, cuando en realidad los agravaron.

Tal es el caso de la enfermedad holandesa inducida por la rentabilidad de las actividades mineras en una economía montada en el banco central autónomo que le da prioridad a la inflación sobre cualquier otro objetivo. La economía queda expuesta a una entrada masiva de capitales que revalúa el tipo de cambio y desplaza la industria, la agricultura y el empleo formal. No menos grave son las repercusiones en la estabilidad macroeconómica. La ampliación del déficit en cuenta corriente propicia una expansión del crédito que aumenta la demanda de importaciones y de bienes no transables por encima del crecimiento del producto. Se configura un círculo vicioso de presiones inflacionarias y revaluación, que no tienen cuándo terminar.

El juego se ha mantenido durante nueve años. Los oficios del Banco de la República para sostener la tasa de cambio no son serios. Tan pronto observan que la inflación se acelera, preceden a subir la tasa de interés y contraer la base monetaria y el crédito. En la realidad, el Banco de la República le ha apostado a la revaluación para bajar la inflación.

La participación de la minería y el petróleo en el PIB, en términos nominales, es de 8% del PIB, algo así como $44 billones, pero su incorporación a la economía dista de ser satisfactoria. De entrada, la balanza de pagos revela que la repatriación anual de capitales del sector llega a $20 billones. Según un estudio de Guillermo Rudas, la contribución del sector a los recaudos tributarios es del orden de los $12 billones. La minería genera apenas el 3% del empleo, que corresponde a una nómina de $8 billones. Lo que sale del país por transferencia de utilidades es similar a lo que queda por impuestos y remuneraciones laborales.

El tema de la minería no recibe un tratamiento serio. Los cuestionamientos de los ministros de Agricultura y de Hacienda, defensores a ultranza del banco central autónomo y las aperturas comerciales, al alza de la tasa de interés y la revaluación se pueden entender como el reconocimiento de un error que atenta contra el interés nacional, pero de ninguna manera remediable con simples constancias históricas. Lo que se plantea es modificar la prioridad del Banco de la República a la inflación y del plan de desarrollo a la minería.

No se avanza en proyecto exportador
Hoy la economía está invadida por la enfermedad holandesa. La manifestación mas dramática está en las ventas externas. En enero, las exportaciones mineras crecieron 35% y las de manufactura y agrícolas casi cero.

El balance es lamentable. La locomotora minera carece de vínculos hacia delante y hacia atrás. Su expansión se realiza a cambio de la contracción de la industria y la agricultura, su contribución a la demanda interna es menos de la mitad del valor agregado, y el sector representa el área de menor generación de empleo y remuneración laboral.

Luego de 20 años de apertura, el país no ha logrado avanzar en un proyecto exportador que le adicione algo a los recursos naturales.

 

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