Por: Cecilia Orozco Tascón

Las dos caras del presidente

No acababa de publicarse la encuesta de RCN y Semana, cuando el Presidente de la República ya estaba reaccionando a la desastrosa calificación de las clases baja y media a la gestión de su gobierno, más del 90% de los colombianos.

Le dio duro a su vanidad de protagonista del continente que la opinión favorable en las estrechas fronteras nacionales bajara del 73 al 58%, a tan sólo año y medio largo de iniciar su administración. La intempestiva alocución del mandatario en la que reveló que entregará 100 mil viviendas gratis (gratis, como en épocas del populismo rojaspinillista) a habitantes del nivel 1 del Sisbén, es un as sacado de la manga para revertir la tendencia de impopularidad que empieza a sacudirlo.

Se dirá, como se está diciendo, que era un proyecto convertido en meta gubernamental desde agosto de 2010, gracias a la pragmática unión Santos-Vargas Lleras. Argumento parcialmente cierto. Pero ¡ah! !asombrosa coincidencia! Amanecerá y el 59% de los estratos 1 y 2, que en abril de 2012 cree que el presidente no ha cumplido sus promesas, decidirá, en abril de 2014, si confirma su escepticismo o si se une a la campaña por la reelección que prepara el sucesor del primer jefe de Estado que intentó perpetuarse en la Casa de Nariño (!vaya alternación!).

No obstante, a Santos no le bastará con 100 mil familias para garantizarse un próximo gobierno. Tendrá que contar, además, con los millares de víctimas y campesinos a quienes les dio esperanza de verdad, justicia, reparación y tierra. Otra promesa presidencial que aún no rinde frutos y cuyo desarrollo eficiente puede verse comprometido, si no se activan medidas estatales complementarias, empezando por el derecho a la vida. El presidente también necesitará mostrar su verdadera cara: la del ‘traidor’ de su clase y abanderado de elementales aspiraciones de la gran masa, como le gusta promocionarse, o la del ladino que recorta libertades ciudadanas a diestra y siniestra con sus bancadas del Congreso, mientras permite que se arme un autocrático blindaje político-militar con el fin de que sus aliados en ambos flancos adquieran la categoría de superciudadanos inmunes a la justicia penal, disciplinaria y administrativa.

No basta con ser elegante y tener amigos en los círculos mediáticos bogotanos. La clase social se le sale por los poros al mandatario. Y eso no está ni mal ni bien. Es neutro. Siempre y cuando no se le note su clase política, aunque es difícil que ésta se oculte en medio de la multitud de leyes sustitutas que aprueba aceleradamente en el Capitolio su Unidad Nacional, en vez de otras que juzga como demasiado libertinas: las hijas de la Constitución del 91. No es sino echar un vistazo: al esperpento de la reforma a la justicia, táctica siniestra de impunidad parlamentaria, y a la del fortalecimiento del fuero militar que confunde Derecho Internacional Humanitario con canonización automática de quienes visten uniforme, habría que sumarle la pretendida supremacía constitucional del Ejecutivo y el Legislativo sobre la rama Judicial; también la discrecionalidad que adquirirán los funcionarios de entregar documentos e información oficial (o decidir mantenerlos en reserva) a periodistas, centros de investigación, organizaciones de derechos humanos o legisladores de oposición; igualmente los severos controles al uso de datos de internet; la potestad de las autoridades de Policía de detener a personas sin orden judicial durante 72 horas, la ley de Inteligencia y otros micos que todavía no hemos podido detectar ¿Santos es el santo de los pobres y sus derechos vulnerados? o ¿Es el Papa de la protección de sus colegas cercanos? Más temprano que tarde se sabrá. En todo caso, antes de la fecha de la reelección.

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2012-04-24T23:00:00-05:00

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Las dos caras del presidente

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