Por: Ramiro Bejarano Guzmán

De testigos y complicidades

Desde hace meses la jauría del fascismo criollo, liderada por el procurador Alejandro Ordóñez y el Héroe de Invercolsa, Fernando Londoño Hoyos, han venido alentando una rabiosa campaña judicial y mediática para promover la absolución del coronel Plazas Vega, quien, como se sabe, fue condenado penalmente por haber torturado y desaparecido a varias de las personas que en noviembre de 1985 se encontraban en el Palacio de Justicia.

El episodio acaecido con el testigo Édgar Villamizar es un escándalo. En efecto, la Fiscalía interrogó hace unos años a este declarante, quien entonces hizo graves revelaciones que dejaron al descubierto los crímenes que se cometieron so pretexto de liberar el Palacio de Justicia de los terroristas del M 19. Después de esa declaración recibida en una guarnición militar, este personaje se esfumó, al extremo de que los amigos de Plazas Vega propalaron el infundio de que era un impostor y que todo era un invento de la valerosa fiscal Ángela Buitrago, a quien por todos los medios han pretendido aniquilar, contando con el auxilio del procurador.

De pronto, un buen día, estando ad portas de que el Tribunal de Bogotá decidiera si ratificaba la condena que en primera instancia le había sido impuesta a Plazas Vega, el testigo reapareció misteriosamente en el despacho del procurador Ordóñez, y declaró que nunca antes había rendido testimonio en la Fiscalía. ¡Quién dijo miedo! Ese mismo día Ordóñez expidió un enérgico comunicado, dando por cierto que el testigo había sido suplantado y, lo que es peor, en forma extemporánea pretendió que en segunda instancia se le diera valor a la declaración de Villamizar rendida en su despacho y que se absolviera a Plazas Vega. A la impostura de Ordóñez obviamente le hicieron oportuno eco Londoño Hoyos y otras yerbas del pantano, a pesar de que la condena impuesta se sustentaba en múltiples medios de prueba. El Tribunal no se tragó el tramposo anzuelo y confirmó la condena.

Pero como primero cae un mentiroso que un cojo, un dictamen pericial rendido por un grafólogo acaba de conceptuar que la firma que Villamizar estampó en el acta de la diligencia donde rindió la versión contra Plazas Vega no es falsa, y que, en consecuencia, jamás fue suplantado. El Juzgado 55 Penal del Circuito de Bogotá, ordenó que el CTI de la Fiscalía practicara la experticia, a lo cual se opuso sin éxito la defensa de Plazas Vega, con el argumento peregrino de que el ente acusador estaba impedido para actuar en ese asunto dizque por haber participado de la supuesta suplantación.

Lo que resultó insólito fue que el procurador que primero acogió en su despacho al supuesto falso testigo y enseguida pregonó en todos los medios que había sido suplantado, guardó elocuente silencio cuando se conoció la noticia pericial de que no había ocurrido la tal suplantación. En esta ocasión no hubo comunicado de prensa. La razón es clara, se les vino abajo la mentira que ayudaron a construir y les fracasó la sórdida maniobra de atentar contra la justicia. Ordóñez sólo comunica cuando quiere y puede distorsionar.

El abogado de Plazas Vega que primero se opuso a que se practicara el dictamen, luego lo impugnó con el argumento inexacto de que la firma de Villamizar se había cotejado con copias y no con originales, cuando la verdad es que se confrontó con otras 35 firmas del testigo, impresas en otros documentos auténticos e indubitables. Y ante semejante evidencia Ordóñez guarda silencio. El actual procurador no es vocero de la sociedad que supuestamente debía representar; es solamente agente del mal. Que abran bien los ojos quienes todavía creen que este siniestro funcionario merece ser reelegido por otros cuatro años.

Adenda. Qué circo de país. Sin pena ni gloria pasamos de la ley de tierras a la vivienda gratis, todo por cuenta del mal suceso en las encuestas presidenciales.

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