Por: Alfredo Molano Bravo

Aunque la jaula sea de oro

Don Guillermo Gaviria —Epónimo empresario antioqueño— llegó a Urabá en los años 50 por la recién inaugurada Carretera al Mar, la vía que abrió a los paisas la frontera norte de colonización. Allí los negros habían desplazado muchos años atrás a los indios y en años más recientes los chilapos desplazaron a los negros.

En los 60, los hacendados hicieron lo mismo con los chilapos y se posesionaron de sus tierras abiertas. Al comienzo metieron vacas y, en los 60, banano. Quizá fue la época en que don Guillermo fue contratista de la carretera entre Chigorodó y Turbo, zona donde adquirió tierras. Más tarde el próspero patricio de la antioqueñidad fundó el periódico El Mundo, la Unión de Bananeros de Urabá, Carbocol y Colanta. Sus fincas se extendieron del llamado Eje Bananero hacia el Atrato y se rumoró que codiciaba las tierras del río Cacarica por donde su hijo Guillermo Gaviria Jr. trazaba, como miembro del gobierno departamental y después desde Invías, el último tramo de la Carretera Panamericana entre Barranquillita y la serranía del Darién. Fue justamente en la cuenca de ese río donde el general Rito Alejo descargó toneladas de bombas mientras El Alemán tomaba posesión de vida y haciendas de los colonos. Las declaraciones de Mancuso, H.H., Pedro Bonito y del mismo Alemán tienen hoy a don Guillermo encarcelado en su residencia por colaboración económica con los paramilitares. El patriarca se defiende diciendo que sí les cotizaba pero no voluntariamente, pues se trataba de una extorsión que, sin embargo, anota la Fiscalía, nunca fue denunciada.

En una encrucijada similar se encuentra don Jorge Visbal Martelo, ganadero de Sucre, exgerente de Fedegán, exsenador, exembajador en Canadá y Perú y que, según dicen, tiene la mano derecha multada. La Fiscalía lo acusa de concierto para delinquir agravado con los grupos paramilitares, o más específicamente con Jorge 40, comandante del bloque Norte de las Auc. A diferencia de don Guillermo, don Jorge recibió, según el Ministerio Público, ayuda económica de los paracos para su campaña política al Senado y para la reelección de Uribe. La Fiscalía tendrá muy en cuenta las declaraciones hechas a RCN en noviembre de 2006 por don José Félix Lafaurie, sucesor de Visbal en la Federación de Ganaderos: “El gremio tiene la valentía de asumir la responsabilidad de que en el pasado financió el movimiento paramilitar del país”. Don Jorge está detenido en el casino de oficiales del Cantón Norte. Se ignora qué cátedra dicta.

Don Hernando Molina Araújo, alias 35 o alias Mechón, anda por segunda vez también en problemas a pocas horas de gozarse el Festival de la leyenda cada día menos vallenata. Don Hernando está acusado y detenido por su presunta participación en el asesinato de Óscar Montero Arias, uno de los cientos de kankuamos que han caído baleados en el Cesar por un viejo pleito de tierras. Desde hace muchos años se decía que don Hernando participaba de las reuniones con Jorge 40 en la vereda El Mamón, de donde salían las órdenes de matar a indígenas y de amenazar de muerte a rivales electorales de alias 35.

Los tres notables —don Guillermo, don Jorge y don Hernando— son prestigiosos hombres de negocios y constituyen el primer lote de empresarios judicializado por colaboración con los paramilitares. A todos se les dará, como corresponde a su dignísima cuna, un trato carcelario especialmente benevolente y se les permitirá pagar, si pagan, la deuda que tienen con la sociedad en sus quintas y despachando. Si el primer capítulo de la cruenta historia fue el de los narco-comandantes extraditados, el segundo el de los parapolíticos encarcelados, el tercero —que comienza a escribirse— es el de los empresarios financiadores, y el último, sin el cual el cuadro no quedaría completo, el de los altos oficiales comprometidos con la noche de horror que hemos vivido. Y que ojalá el país no vuelva a vivir jamás.

 

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