Por: Jaime Arocha

Afrosaberes por la puerta grande

Radiante, el antropólogo brasileño José Jorge de Carvalho me decía que se habían unido los Exús y los espíritus de la selva;...

Radiante, el antropólogo brasileño José Jorge de Carvalho me decía que se habían unido los Exús y los espíritus de la selva; Yemayá y las fuerzas del agua; los Inkisis y hasta los santos de los caboclos para que ocurriera una coincidencia excepcional: el 25 de abril, en la Universidad de Brasilia, inauguraban el Instituto de Ciencia y Tecnología de la Inclusión en la Enseñanza Superior y la Investigación, y al día siguiente, por voto unánime, diez magistrados de la Corte Suprema declaraban constitucional la política de cuotas para el ingreso de estudiantes indígenas y de ascendencia africana a todo el sistema universitario de Brasil. Esa casualidad también daba fe de la tozudez, coraje y perseverancia de ese pensador y activista, quien hace más de diez años, junto con Rita Segato, comenzó una lucha sin cuartel contra el racismo que imperaba en las universidades brasileñas. Ganándose la enemistad de colegas y amigos, reunieron estadísticas que demostraban la falsedad del mito de la democracia racial, fundante de esa y otras naciones latinoamericanas. Esa narrativa enaltece el papel que el mestizaje supuestamente tuvo en la ruptura de las barreras raciales heredadas de la colonia y en una ampliación de aquella igualdad que dizque hace sonrojar a la que los Estados Unidos alegan haber alcanzado. El complemento de la política de cuotas es ese instituto que reconoce y acepta la universalidad de los conocimientos de indígenas y afrodescendientes, cuyos chamanes, arquitectos, médicos raiceros, yerbateras, parteras y maestras de la palabra les enseñarán a estudiantes, como los del programa de estudios culturales, que el propio de Carvalho lanzó en 2010 con el nombre de Encuentro de Saberes.

Sin duda ambos sucesos tendrán repercusiones en otros países del continente. Aquí el Doctorado en Humanidades, Historia y Cultura Afroamericana recogerá esas enseñanzas, como puede apreciarse por el seminario sobre Brasil que contempla el programa curricular lanzado por las universidades del Valle y de Cartagena el pasado 19 de abril, en el Centro Cultural de Cali. En la ceremonia, a los impulsores de esa innovación, Darío Henao, Alfonso Múnera y Mario Diego Romero, se les urgió para que también involucren los afrosaberes heterodoxos y disidentes. Pese a que la Ley 70 de 1993 o ley a favor de las “negritudes” ya cumple 19 años, a la gente de ascendencia africana se le sigue ninguneando. De ahí que se considere salomónico un posible fallo de la Corte de La Haya sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina, porque Colombia dizque sólo perdería aguas territoriales y algunos cayos, cuando la riqueza coralina que albergan desaparecerá víctima de las exploraciones petroleras nicaragüenses y con ella el porvenir de los pescadores raizales, quienes de verdad han ejercido una soberanía que los litigantes no reconocen. Del mismo modo se entiende la desidia estatal frente a las víctimas de la masacre de Bojayá, a los diez años de ocurrida esa tragedia o la tardanza del Consejo de Estado en fallar por la contaminación de aguas que la Empresa de Energía del Pacífico les ha causado a los 3.000 pobladores negros de las riberas del río Anchicayá. La pedagogía es el medio idóneo de cambiar la percepción negativa a la cual la ciudadanía se aferra con respecto a la gente negra. Hoy son evidentes los pasos firmes para cimentar concepciones positivas sobre los mismos pueblos.

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