Por: María Elvira Bonilla

El lunar del General

El pasado 5 de mayo se cumplieron 9 años del asesinato del entonces gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, su asesor de paz, el exministro Gilberto Echeverri, y ocho militares. Llevaban once meses secuestrados por las Farc.

Una tragedia que duele, que sigue doliendo. Por las personas, sí. Difícil olvidar a Gilberto Echeverri, con su optimismo y entusiasmo inquebrantables, comprometido construyendo país, como él decía, desde cualquier flanco. Uno de aquellos colombianos a quienes la terquedad en su propósito de lograr algún día un país en paz llevaba a que lo tildaran, equivocadamente, de ingenuo. Pero qué va, era simplemente un luchador infatigable que encontró eco en el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria que a su vez estaba jugado en la causa de la ‘No violencia’. Un compromiso que terminó absurdamente conduciéndolos a la muerte.

Duelen también las circunstancias en que murieron. Por absurdas. Por evitables. Si bien los responsables de esta fatalidad son las Farc, no puede desconocerse que el operativo militar falló. Y en materia grave. Y de manera definitiva. Éste fue dirigido por el comandante de la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) en Antioquia, hoy comandante general del Ejército, mayor general Sergio Mantilla. Y aunque la Procuraduría exoneró de responsabilidad al comando militar y concluyó que no hubo errores, los hechos hablan por sí solos como testimonio ineludible de que algo salió trágicamente mal. En el contexto del gobierno Uribe rescatar a los secuestrados, sin importar el riesgo que corrieran los civiles, era una orden perentoria. Y Mantilla la cumplió.

El descalabro militar no tuvo consecuencia alguna. El general siguió su carrera, en ascenso. Sin cuestionamientos. No parecería que del indudable error hubiera resultado enseñanza alguna y por el contrario esta línea dura, guerrerista, sigue teniendo expresión dentro del Ejército. Son quienes, a diferencia del comandante de las Fuerzas Militares, general Alejandro Navas, insisten la exclusiva salida militar al conflicto, en contravía a las evidencias en todas partes del mundo. Obedecen a regañadientes, por disciplina, la orden de adelantar las acciones militares en el marco del respeto a los derechos humanos, que se ha impuesto en buena medida por la presión internacional, empezando por el Pentágono, que ha entendido que los conflictos del Tercer Mundo tienen componentes sociales, políticos e institucionales que relativizan las soñadas victorias militares. Incorporar esta dimensión, supone capacidad para entender la dinámica de la guerra más allá del conteo de víctimas, que en mala hora permitió que pelechara la práctica atroz de los falsos positivos.

Sectores de las Fuerzas Militares todavía defienden que en la guerra se justifica todo, que el fin justifica cualquier medio a la hora de enfrentar a la guerrilla. Una posición que puede convertirse, esa sí, en la verdadera amenaza para la legitimidad y la fortaleza de la institucionalidad militar. La hoja de vida de sus mandos debe ser intachable y ejemplar: la del general Sergio Mantilla no cumple con ello. Tiene al menos este lunar, inocultable, que en un país serio habría sido un obstáculo para su coronación en la comandancia general del Ejército. Para que sus subalternos, la tropa, entendieran que los errores tienen consecuencias. Y que ignorarlo es hacerle el juego a la desmemoria de la guerra.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia