El tema es la inequidad

Me sorprende el rechazo a medidas como el impuesto a los dividendos, o rectores buscando demoler medidas como Ser Pilo Paga que justamente buscan reducir la inequidad, o un sistema tributario que no hace mucho para gravar en forma la tierra y mejorar el sistema de catastro, o la indiferencia a la evasión y a actuar con fuerza contra los paraísos fiscales, o la forma como se tolera la corrupción pública y privada, entre otros temas.

Hace poco más de una década, Juan Carlos Tedesco, reconocido académico en el mundo de la educación superior, escribió sobre los pilares de la educación del futuro y concluía sobre tendencias que se veían venir con esto que se llama la sociedad del conocimiento y de la innovación. Anticipaba él que esta nueva realidad generaría un aumento significativo de la desigualdad social aparte de una excesiva concentración del ingreso en algunos pocos. La razón esgrimida es que, con la innovación y el desarrollo tecnológico, los sectores de alta productividad iban creciendo aceleradamente en su remuneración mientras que otros sectores (como el de servicios y otros sectores marginados), por el contrario, aumentarían mucho más moderadamente los salarios. Concluía entonces que era necesario profundizar en estrategias que desde la educación igualasen las oportunidades de las personas para educarse en sectores de altos estándares de productividad y propiciar mejoramientos competitivos en otros sectores tradicionalmente marginados del sistema productivo de las naciones.

Aunque no considero que sea la única razón, décadas después, los datos de Colombia ratifican la premonición de Tedesco. La Cepal, por ejemplo, considera que los datos reales de desigualdad en Colombia, que son de los peores en el mundo, pueden ser más altos de los que publica el DANE (lo anterior, al calcular la desigualdad con base en el pago de impuestos). Señala que entre 1993 y el 2014 Colombia fue el país en su región que concentró de peor manera el ingreso del 1% más rico de la población. El resultado es que el 40% de la población (los más pobres) se lleva sólo el 10% de los ingresos, mientras que el 10% de la población (los más ricos) se lleva más del 50% del ingreso del país. Lo anterior se agrava cuando se revisan las cifras de desigualdad en el acceso a la tierra. Para no ir muy lejos, como lo demuestra Oxfam, en América Latina 32 personas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres, y buena parte de dichos datos se derivan de la concentración de la tierra, que hace que Colombia en la región sea el país más desigual de América Latina, al punto que el 0,4% de las fincas más grandes concentran el 77,6% de la tierra del país.

Justamente por ello no me sorprende que este año el Informe Mundial sobre las Ciencias Sociales que realiza Unesco, que acaba de ser publicado, defina como el reto central de la humanidad en los próximos años a la desigualdad. El mismo problema que puede poner en jaque la sostenibilidad de las economías, de la sociedad y de las comunidades. Así como en el pasado uno de los objetivos del desarrollo era la reducción de la pobreza extrema, para los próximos años el gran desafío es lograr más allá del eslogan que “nadie se quede atrás”. Y esto supone trabajar en distintas formas de desigualdad: la desigualdad económica en ingresos y patrimonio; la desigualdad social que impide acceso equitativo a servicios de salud, educación, justicia y protección social; la desigualdad cultural por raza, religión, género o discapacidad; la desigualdad entre el campo y la ciudad; la desigualdad por diferencias en la participación política y en la construcción de política pública a todos los actores de una sociedad, y naturalmente la desigualdad cognitiva a la que se refería Tedesco hace una década.

Pero así como no me sorprende lo anterior, lo que sí me sorprende es la indiferencia de nuestra clase política y dirigente para trabajar activamente en estrategias que reduzcan la inequidad. Me sorprende el rechazo a medidas como el impuesto a los dividendos, o rectores buscando demoler medidas como Ser Pilo Paga que justamente buscan reducir la inequidad, o un sistema tributario que no hace mucho para gravar en forma la tierra y mejorar el sistema de catastro, o la indiferencia a la evasión y a actuar con fuerza contra los paraísos fiscales, o la forma como se tolera la corrupción pública y privada, entre otros temas.

La desigualdad debe ser hoy una prioridad para todos aquellos que queremos sociedades sostenibles, tolerantes y seguras en el mediano y largo plazo.

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