Flechita y crucecita

«sino que informaba que 2.014 niños y niñas (supe lo de los niños y las niñas porque, aunque no habían usado el símbolo de arroba (@) que sirve para sustituir a la vez la ‘a’ y la ‘o’ y así sumarlas y decir “niñas y niños” en una sola palabra, en cambio en el interior de la ‘o’ habían dibujado en miniatura la flechita medio parada que representa el pipicito de los niños y la crucecita colgante que representa la chochita de las niñas)». Antonio Caballero, Semana (08-07-05)

Una de las cosas que he percibido en tantos años de leer columnas ajenas para alimentar la mía es el temor de los autores a volverse monotemáticos. Yo no soy la excepción. Lo siento con esto de los niños y las niñas, los niñarrobas y demás tonterías de la tal equidad sexual.

Pero esta semana en Semana, el periodista Caballero aporta nuevos elementos. El más relevante, me parece, es el de los publicistas. A ellos, con la excepción que me consta de mi amigo César Vega y de los que como él luchan por que sus colegas entren por los fueros del buen hablar, les pasa lo mismo que a los periodistas: a alguno se le enciende el bombillito de la nueva idea y mientras más tonta sea, los demás corren a copiarla. Si el contrato distrital llegare a ser exitoso, ya veremos las arrobas convertidas en flechitas medio paraditas y crucecitas colgantes.

Por su parte, Caballero se equivoca, intencionalmente o no, al decir que el signo @ sirve a manera de vocal hermafrodita que ni fu ni fa. No, hombre Caballero, no hay necesidad de nuevas vocales para tonterías de esas, porque entonces la ‘e’ también se sentiría con derecho a envolverse para las palabras que, como ‘presidente’, tienen su masculino en ‘e’ y su femenino en ‘a’, y la ‘a’ tendría que inventarse dos: una, que se me ocurre se envuelva en el sentido de las agujas del reloj, para las inmodificables como ‘modista’ y otra para las que cambian en ‘isa’, contra las que se levantan furiosas las mismas feministas que proclaman la inútil repetición. ¿Quién las podrá entender?

Por último, es curioso que los órganos genitales que durante tanto tiempo fueron llamados con términos eufemísticos, hoy, en la era de los eufemismos, sean proclamados con términos que más parecen salidos de los libros de ciencias. Esto hace resaltar que el término tratado por Caballero para el órgano femenino no hubiera sido el más acertado, toda vez que el Diccionario lo señala como vulgarismo. 

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