El gazapo simple

“Soy asiduo seguidor de la Gazapera de don Sófocles, pero siento que pierde su tiempo por andar buscando gazapos rebuscados, pues los más simples pululan. Vi el sábado en El Espectador un aviso del Éxito. […] “Existe un lugar donde siempre habrán (sic) abrazos...”. Juan Gonzalo Isaza. Medellín, En Cartas de los lectores, El Espectador.

Por la forma como redacta mi amigo Juan Gonzalo parece que me culpara de los gazapos imposibles de corregir que aparecen por ahí con alguna frecuencia. En 17 años que lleva esta columna en mi teclado han pasado por ella gazapos de los que mi amigo llama simples y han pasado algunos más complicados. Unos se han corregido; pero otros, por más que se hable de ellos no los corrige ni mi Dios con “piones”. Mientras Juan G. se queja de que soy rebuscador, hay otros amigos en el sótano de la edición digital que rabian porque soy repetidor irredento. En este caso tiene razón Juan Gonzalo: si un gazapo se repite, hay que repetir hasta el cansancio la llamada de atención. ¿Se imagina Juan G. cuántas veces habré dicho en 17 años que el verbo haber cuando significa existencia sólo se conjuga en tercera persona singular?

El mal no está en la Gazapera, al fin y al cabo acá llegan los que desean aprender, pero los que tienen el idioma como herramienta de trabajo (publicistas, periodistas y aun escritores de renombre) creen sabérselas todas y desdeñan este humilde trabajo.

El agua viene sucia desde la toma: nuestros colegios y nuestras universidades poco hacen para remediar el mal uso del idioma. Por el contrario, de los centros educativos salen gramatiquerías que acaban de dañarlo. Da grima leer una página de Prensa-escuela en los diarios que tienen esa sección. Muchos son los profesores de primaria que andan propalando el cuento de que las únicas que ponen son las gallinas, y cómo les parece la ventolera esa del lenguaje incluyente o equidad de género que se oye en las instituciones educativas.

Pensemos por cuántos escritorios con diploma pasó el aviso de los abrazos del Éxito antes de ver la luz del día. Cada uno puede comparar con su respectiva empresa: no menos de cinco, creo, y ninguno advirtió que había una ene de sobra.

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